La Tasa Tobin y la justicia fiscal

Artículo publicado en El País el 4 de abril de 2014.

 

Manuel de la Rocha Vázquez y Erika Rodríguez Pinzón son autores del informe El Impuesto sobre las Transacciones Financieras en el marco de Cooperación Reforzada en la UE: evolución y perspectivas, encargado por la Fundación Salud por Derecho y Economistas frente a la Crisis.

 

45 años después de que James Tobin propusiera la tasa que lleva su nombre, un grupo de países europeos, incluido España, está muy cerca de aplicar conjuntamente un Impuesto sobre las Transacciones Financieras (ITF) inspirado parcialmente en las ideas del economista americano.

El ITF está respaldado por la ONU, el G20, la Comisión Europea, e incluso el FMI, inicialmente reacio. Las razones son sólidas: un impuesto de estas características desincentiva los movimientos especulativos de los mercados financieros, especialmente las operaciones de compraventa de alta frecuencia. Esto es particularmente relevante si se tiene en cuenta que el 80% de las operaciones financieras son esencialmente especulativas, al margen de la economía real. El ITF ayudará a disminuir la volatilidad del mercado al reducir este tipo de operaciones y proporcionará información sobre un sector hasta ahora bastante opaco, dando estabilidad a los mercados e incentivando la inversión en la economía real, la que crea empleos.

La ITF es también una cuestión de justicia. Las entidades financieras, aparte de tener una tributación más baja que el resto de sectores, se han beneficiado enormemente, de forma directa o indirecta, de las operaciones de rescate financiadas por los contribuyentes europeos. De ahí el valor político de una decisión que demuestre a la ciudadanía que el sistema financiero también asume parte de los costes generados por la crisis de la cual es en gran medida responsable.

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Lecciones tributarias de la crisis: hay vida

Las drásticas medidas presupuestarias que está adoptando el gobierno del Partido Popular han generado un notable debate público. Sin duda, los ciudadanos son conscientes de que políticamente se está dirimiendo algo más que la forma de salir de la crisis, que es la conformación de las bases y capacidades de nuestro modelo de desarrollo económico y de bienestar social para los próximos treinta años. Y en este escenario, los impuestos han cobrado importancia desde el primer momento. Ya en su segundo Consejo de Ministros, el Gobierno abordó un paquete de medidas para elevar la recaudación, entre las que sobresalían el aumento de tipos en el IRPF (para rentas del trabajo y del capital) y del Impuesto sobre Bienes Inmuebles. Con ello, incumplía uno de sus compromisos electorales básicos (no subir impuestos), algo que después ha convertido en una práctica habitual; pero es ese es otro tema.

Desde entonces se han adoptado otras iniciativas tributarias muy relevantes, como la reducción de deducciones en el Impuesto sobre Sociedades, un aumento de tasas y del impuesto sobre el tabaco, o una sangrante amnistía fiscal previo peaje de una mínima contribución (del 8-10%). Y hace unos días el Ministro de Economía nos anunciaba, con una retórica vergonzante, que en 2013 subirán el IVA (otro compromiso roto) y quizá rebajen las cotizaciones sociales.

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Propuestas fiscales progresistas del PSOE. Bienvenidas

Ver original en: Artículo Blog Alternativas – EL PAÍS, lunes 26 de marzo de 2012

Esta semana el PSOE ha presentado dos proposiciones no de ley en el Congreso en relación a la política tributaria que tienen bastante interés. Por un lado: la reforma del Impuesto de Sociedades (IS) con el establecimiento de un suelo mínimo de pago; por otro la creación de un impuesto sobre las grandes fortunas, como se había ya propuesto en la campaña electoral.

En España los ingresos públicos se han desplomado en los últimos años debido a la crisis. La presión fiscal ha caído substancialmente hasta el 33%, muy alejada del 40% de media de la UE. También el gasto público en nuestro país, al 45,5% del PIB queda lejos de los niveles europeos (50,6%), y ni que decir de los de los países con los estados de bienestar más asentados. Obviamente, el ajuste fiscal que viene, nos alejará aún más de esos niveles.

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