Reflexiones tras el debate

Si algo ha quedado claro tras las siete horas de debate sobre la proposición de ley orgánica de delegación en la Generalitat de Catalunya de la competencia para autorizar, convocar y celebrar un referéndum sobre el futuro político de esta Comunidad autónoma es que hay que seguir debatiendo, dialogando, buscando puntos de encuentro, consensos. O eso, o la ruptura del marco constitucional vigente, con sus indeseables consecuencias.

No obstante, para que un diálogo sea fructífero conviene partir de algunas premisas previas. La primera, por supuesto, el ánimo mismo de dialogar, es decir, de hablar y escuchar a nuestro interlocutor. La defensa de las posiciones propias, por muy convincentes que nos puedan parecer, no justifica que hagamos oídos sordos hacia las opiniones o deseos de los demás. El Presidente Rajoy y el President Mas deberían tenerlo muy presente.

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Eficacia e ideología en la LOMCE

La LOMCE insiste en su preámbulo que es una ley basada en evidencia empírica. Por ejemplo, hay evidencia empírica en que la evaluación externa del rendimiento del alumnado puede contribuir tanto a la mejora de resultados como a disminuir la desigualdad de oportunidades educativas. Pero esto no quiere decir que esas pruebas deban ser reválidas, es decir, a final de un nivel educativo y bloqueando el acceso al nivel siguiente, ni que sus resultados se hagan públicos por centros. Al hacerlas al final de ciclo, serán poco útiles para desarrollar mejoras. Y al ser un nuevo obstáculo, dificultarán el paso a los niveles superiores. En cuanto a que sean públicas, parece que es una buena razón desde el punto de vista de la transparencia. Pero debemos tener en cuenta que cuanto mayor sea el peso que se le dé a este tipo de pruebas en cada etapa educativa, tanto para el alumnado como para el profesorado, mayor será la presión para corromperlas (Ley de Campbell). Al final, el Gobierno de turno podrá presumir de mejoras en los resultados, pero lo único que habrá mejorado será el entrenamiento para superar las pruebas que se hará en los centros educativos, y las trampas, a veces legales, a veces ilegales.

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Hay que tomar la iniciativa

Ver original en: Artículo Agenda Pública – eldiario.es, lunes 14 de enero de 2013

Artículo en colaboración con Líneas Rojas

Acabábamos el fatídico 2012 con la noticia de que CIU y ERC habían llegado a un acuerdo para abrir un proceso pautado dirigido a la consecución de un fin claro: ofrecer una consulta al cuerpo electoral catalán sobre la autodeterminación de Cataluña, o, dicho menos retóricamente, sobre su independencia o secesión del Estado español. Eso y no otra cosa se esconde bajo el eufemismo “derecho a decidir”. Y comenzamos este 2013 de malos augurios con el anuncio de que el Parlamento catalán votará en el primer pleno de esta nueva legislatura, el próximo 23 de enero, una “Declaración de Soberanía del Pueblo Catalán”, que –según todo indica- saldrá adelante gracias al voto mayoritario de los diputados elegidos por aquellos dos partidos políticos.

Así pues, CIU y ERC han tomado la iniciativa, su iniciativa, pero corremos el riesgo, una vez más, de hacerla nuestra. Es suya porque parte de un sujeto político bien identificado: dos partidos políticos nacionalistas catalanes que han obtenido, conjuntamente, una amplia mayoría de los votos emitidos en las pasadas elecciones y que sostienen al nuevo Gobierno de la Generalitat. Y lo hacen sobre la base de lo poco que les une (su voluntad independentista), dejando de lado lo mucho que les separa (en materia económica, fiscal, social, etc.). No hay nada como tener un destino común para transitar un mismo camino.

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Catalunya, el ddd

El “día de después” (ddd), aunque parezca que todo sigue igual, nada es ya lo mismo que el día de antes. Y si no que se lo pregunten al Sr. Mas, presidente en funciones de la Generalitat, que el día de antes (de las elecciones que él adelantó), seguramente más por pasión cegadora que por razón iluminadora, pensaba que el día de después su sueño, ambiguo, como suelen ser los sueños, comenzaría a hacerse realidad. Y es que cuando uno despierta de su propio sueño y se enfrenta con la realidad puede acabar descubriendo que el gran error está en pensar que la realidad se puede transformar (retorciéndola) a la medida de nuestros sueños. Pero la realidad es tozuda. Y los sueños, maleables, siempre acaban plegándose a la realidad.

El Sr. Mas debería reconocer que ha fracasado. Así de simple. Como líder de un partido que gobernaba con holgada mayoría y que podía seguir haciéndolo durante dos años más, su apuesta ambiguamente quimérica acabó devorándolo. Su partido ha quedado maltrecho. Miles de personas guiadas por “el mesías” descubren, de pronto, que este no conoce el terreno por el que se mueve con tanta aparente seguridad. Huye de los líderes que se presentan como salvadores o redentores es la lección que un buen demócrata debería conocer de memoria. Un buen líder, en democracia, nunca puede ser un iluminado. Un ebrio de poder capaz de poner a su pueblo a los pies de sus delirios.

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