Eficacia e ideología en la LOMCE

La LOMCE insiste en su preámbulo que es una ley basada en evidencia empírica. Por ejemplo, hay evidencia empírica en que la evaluación externa del rendimiento del alumnado puede contribuir tanto a la mejora de resultados como a disminuir la desigualdad de oportunidades educativas. Pero esto no quiere decir que esas pruebas deban ser reválidas, es decir, a final de un nivel educativo y bloqueando el acceso al nivel siguiente, ni que sus resultados se hagan públicos por centros. Al hacerlas al final de ciclo, serán poco útiles para desarrollar mejoras. Y al ser un nuevo obstáculo, dificultarán el paso a los niveles superiores. En cuanto a que sean públicas, parece que es una buena razón desde el punto de vista de la transparencia. Pero debemos tener en cuenta que cuanto mayor sea el peso que se le dé a este tipo de pruebas en cada etapa educativa, tanto para el alumnado como para el profesorado, mayor será la presión para corromperlas (Ley de Campbell). Al final, el Gobierno de turno podrá presumir de mejoras en los resultados, pero lo único que habrá mejorado será el entrenamiento para superar las pruebas que se hará en los centros educativos, y las trampas, a veces legales, a veces ilegales.

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Derrotar al Estado de Bienestar

Durante los últimos años, se ha propiciado un discurso sobre el Estado de Bienestar (E.B.) desde los sectores más neoliberales de España y parte de Europa que lo sitúa en el centro de la diana como principal responsable de la crisis que atraviesa nuestro continente y niegan su viabilidad tanto en épocas de crisis como de estancamiento económico.  Este pensamiento se lanza desde todas las plataformas mediáticas de la derecha, llegando a demonizar todo aquello que provenga del Estado sin tener en cuenta las terribles consecuencias que puede tener este planteamiento para las democracias modernas y para sus ciudadanos.

Este discurso va dirigido en dos direcciones, la primera, conseguir que la sociedad deje de entender al Estado, como el instrumento que garantiza  servicios y prestaciones sociales. Y la segunda, que los partidos socialdemócratas dejen de entender el E.B. como esa propuesta política y económica de modelo general del Estado y organización social, que expresa su razón de ser.

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Si ellos dan nombre a las cosas a nosotros sólo nos queda obedecer

Reivindico la dimensión política de las palabras. Sin ir más lejos, Liberté, Egalité, Fraternité, han sido tres conceptos fundamentales en la historia de la movilización de la izquierda Europea.  Pocas veces tres sustantivos han evocado tantas imágenes; ¿valdrá más una palabra que mil imágenes? Pocas veces tres conceptos expresados de manera tan limpia han sido capaces de movilizar a tantos excluidos y pocas veces les han llevado tan lejos en la obtención de reconocimiento y dignidad. Tan es así que en el año 1940 el gobierno ultraconservador de Vichy, de la Francia filonazi, se apresuró en cambiar tan osado lema por el no menos elocuente, Travail, Famille, Patrie, tan próximo a nuestro Familia, Municipio y Sindicato, en fin, tres palabritas amables que así de seguido a más de uno nos dan escalofríos ¿verdad?

El reino de las ideas se construye con palabras, pero el principado de la acción también se establece con palabras. Cómo vamos a defender una política fiscal redistributiva, cómo vamos a dar la batalla para que no siga creciendo la horquilla entre los que más y los que menos ganan, o cómo vamos a defender una oferta pública, que no gratuita, ojo que todo se paga, en educación, sanidad, transportes, o en la gestión/comercialización del agua, si aceptamos que lo público equivale a gestión lenta y burocrática y lo privado es sinónimo de eficacia y agilidad, o que la estructura impositiva de un país equivale a la “presión fiscal” que ejerce el gobierno de turno.

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Del socialismo estamental al socialismo universalista

Ver original en: Artículo Debate Callejero, Viernes, 13 Enero, 2012

El hundimiento socialista es una especie de test de Roschard, es decir, un test proyectivo, donde se le enseñan unos manchurriones al paciente y debe decir lo que vea. Lo que el paciente cuenta, no está en la mancha, está en su cabeza. Con los resultados electorales pasa algo parecido, cada uno ve LA CAUSA de la debacle en aquello que tiene en su cabeza. Si la persona tiene alguna inquietud científica, intentará que su interpretación de la mancha cumpla con unos mínimos de rigor metodológico, pero para esto hay que ser un perturbado de la especie politológica, sociológica o demás gente de mal vivir.

Me he puesto la venda antes que la herida, para que me dejen que apaciblemente haga mi proyección. Creo que una de las causas del hundimiento está en que el PSOE se ha dejado llevar por el frenesí identitario, un frenesí que según algunos comenzó en la izquierda con mayo del 68 (Boltansky y Chiapello) y que ha conseguido refinarse hasta constituir la ideología más completa y refinada del capitalismo realmente existente: tolerancia multiculturalista y mercado liberal, como formas “naturales” del orden social (Zizek).

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