¿Pueden los partidos seguir ignorando la regeneración democrática?

Artículo publicado el 22 de octubre de 2014 en Piedras de Papel de eldiario.es

Permítanme que empiece este post de una forma un poco heterodoxa, recurriendo a las nociones de la física sobre los cambios de estado de la materia.  Éstos se definen como cambios que sufre la materia en su forma, volumen o en su estado, sin alterar su composición o naturaleza. Así, se pasa del estado sólido al líquido, como hace el hielo cuando se derrite por efecto del calor; o del líquido al sólido por el efecto del enfriamiento. En estos casos, se conoce exactamente cuáles son las condiciones que se tienen que dar para que la materia pase de un estado a otro. ¿Pero qué ocurre cuando queremos aplicar estas nociones a los cambios en el estado de la sociedad? ¿Está tan claro cuáles son esas condiciones?

Sabemos que el termómetro social lleva registrando una “temperatura anormal” desde hace varios años. Para comprobarlo tenemos los “síntomas demoscópicos”: niveles récord de desconfianza hacia los políticos, descrédito generalizado de las instituciones e insatisfacción con el funcionamiento de la democracia. Y  también son evidentes los “síntomas electorales”: la fuerza de un nuevo partido, Podemos, que genera una gran capacidad de atracción entre los que quieren (en un número creciente) un caballo de Troya que sirva para cambiar el actual estado de cosas.

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El PSOE se juega su futuro: más democracia o desaparecer

Manifiesto de Líneas Rojas

El PSOE está a punto de desaparecer como fuerza política de gobierno. En los casi tres años transcurridos entre las últimas elecciones generales y las pasadas elecciones europeas, el PSOE no ha hecho otra cosa que vagar sin rumbo, a la deriva. Perdidas sus señas de identidad, este partido político, en su día mayoritario, contempla desnortado que la sangría de votos parece no tener fin. No hay suelo electoral.

Hoy conviene recordar que son muchos los partidos socialistas en el ámbito europeo que han perdido dramáticamente representatividad y capacidad de influencia, convirtiéndose en algunos países en partidos residuales. El pasado no garantiza el futuro y la ciudadanía pide otra forma de hacer política. Debería resultar evidente que un partido político es una herramienta al servicio de la sociedad, no un fin en sí mismo. Un instrumento imprescindible que sirve para vincular a representantes y representados.

Tras el rotundo fracaso electoral europeo, el PSOE se encuentra en la tesitura de qué hacer para que la opción socialdemócrata recupere la confianza de la ciudadanía. Lo primero, por supuesto, es tener un programa de propuestas progresistas a la altura de su historia. Pero además de ello, hoy parece innegable que también es necesario abrir el partido a la sociedad. Y para ello, nada mejor que celebrar, en primer lugar, unas primarias abiertas a toda la ciudadanía para elegir el/la candidato/a a la Presidencia del Gobierno. Esta posibilidad parece ya estar descartada tras el anuncio de la celebración de un Congreso extraordinario. De ser así, cualquier otra opción que no pase por elegir en este Congreso al Secretario o a la Secretaria General del partido directamente por toda la militancia, un militante = un voto, supone la desconexión completa con las demandas que viene reclamando la sociedad y, por tanto, la defunción del PSOE como partido de gobierno.

En todo caso, las primarias para elegir candidato electoral deben estar aseguradas, garantizando la ejecutiva saliente del Congreso extraordinario que se celebrarán en un plazo breve de tiempo y en impecables condiciones de transparencia e igualdad de oportunidades entre todos los candidatos.

En este momento histórico crucial, rechazamos radicalmente la idea de que decisiones de este calibre sean tomadas únicamente por parte de los llamados “barones”, o por determinadas élites políticas y/o económicas que dan muestras de estar más preocupadas por mantener su condición de tales que por sacar lecciones positivas de lo que los ciudadanos les han querido enseñar con su voto.

Convencidos de que solo a través de un funcionamiento radicalmente democrático y transparente el PSOE podrá volver a conectar con la sociedad y, sobre todo, con esos millones de ciudadanos que un día confiaron en él, pero que en los últimos años se han alejado en busca de otras alternativas, desde el colectivo Líneas Rojas reclamamos:

.- Que el Secretario General del PSOE sea elegido por TODA la militancia (voto directo e igual, como expresión inequívoca de una democracia interna auténtica); y

.- Que el candidato a Presidente del Gobierno del PSOE sea elegido por TODA la ciudadanía que quiera participar en ese proceso de primarias abiertas.

No hay que tener miedo a la democracia.

“Gobernar (democráticamente) Europa”, el día después

Artículo publicado el 25 de abril en el blog de la Fundación Alternativas del diario El País

Las próximas elecciones al Parlamento Europeo (PE) tendrán lugar entre el 22 y el 25 de mayo. Nunca antes unas elecciones europeas habían levantado tanta expectación ni tanta atención mediática, pues en anteriores ocasiones siempre había primado su  consideración como elecciones subordinadas en importancia a otras (lo que los politólogos denominan second-order elections).

El impacto de las medidas tomadas a nivel europeo para hacer frente a la crisis, la decisión de los partidos políticos europeos de nombrar candidatos para presidente de la Comisión Europea, el incremento en los poderes del PE desde el Tratado de Lisboa, cuestiones nacionales específicas, como en el caso de nuestro país que sean las primeras elecciones en dos años… Por el motivo que sea, todo conduce a que en los próximos meses gran parte de la actualidad política tendrá como centro estas elecciones.

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Cataluña: Derecho y Política

Artículo publicado el 7 de abril de 2014 en El Huffington Post

La sentencia del Tribunal Constitucional del pasado 25 de marzo sobre la declaración soberanista del Parlament de Catalunya nada añade a lo que ya sabíamos. Es más, repite viejas cosas, algunas de las cuales, quizás, merecerían cierta revisión. Por ejemplo, y, sobre todo, el concepto de soberanía. A él volveremos después.

Pese a esa falta de novedades, la sentencia ha levantado, sin embargo, una gran expectación y, en términos generales, ha sido muy bien recibida; incluso, elogiada. ¿Por qué? Tal vez, porque devuelve la pelota, de manera muy elegante y cortés, eso sí, a quienes corresponde, para que jueguen con ella: los poderes públicos, y, más en concreto, el Gobierno y el Parlamento de España y el Govern y el Parlament de Catalunya.

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De ciudadanos a consumidores

La creciente tensión entre Capitalismo y Democracia, especialmente perceptible en las economías más empobrecidas por la crisis, no sólo produce indignación, también dota de sentido político a lo que en otro tiempo no pasaba de ser una explosión de rabia pasajera. Si las Marchas de la Dignidad son el primer esbozo de esta indignación organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- algunas preguntas planteadas por Pablo Sánchez y Ariel Jerez en este mismo medio (“Partidos, Militantes y Ciudadanos en la Crisis de Representación”) podrían tener respuesta, al menos tentativa.

La diversidad de grupos y banderas visibles en las Marchas y que tanto preocupa a quienes reclaman ya frentes unitarios, ha demostrado ser más una fortaleza que una debilidad organizativa. Las diferencias ideológicas y los matices programáticos de esta diversidad no parecen ser un obstáculo a la reflexión conjunta y a una movilización política eficiente.

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Contra la Gran Coalición

Artículo publicado en Piedras de Papel de eldiario.es el 20 de marzo de 2014

Durante las últimas semanas han aumentado los rumores sobre la posibilidad de que el Partido Popular y PSOE puedan formar una coalición de gobierno si los resultados de las próximas elecciones generales confirman el hundimiento del bipartidismo. Resulta cuando menos sorprendente, por lo que denota respecto al grado de aislamiento o simple indiferencia respecto a la realidad política del país, que las élites de estos partidos estén contemplando dicha posibilidad.

¿Qué puede justificar esta iniciativa y cuáles son sus posibles consecuencias? A pesar de que la propuesta se defiende desde la bien reputada nebulosa de “razón de Estado”, las motivaciones ni siquiera se sostienen sobre la miopía de los cálculos electorales, pues la coalición podría conllevar pérdida de votos para ambos partidos, especialmente para el PSOE. Así que solo cabe situar el impulso a esta propuesta en un escalón más bajo: la simple supervivencia en el poder.

La iniciativa supone una irresponsabilidad si atendemos a sus consecuencias sobre el funcionamiento de la democracia. Una Gran Coalición remacharía la actual impotencia de los ciudadanos, doblemente ninguneados: a su incapacidad de cambiar el rumbo de las políticas económicas mediante el voto (puesta de manifiesto tras las elecciones generales de 2011), se añadiría su irrelevancia a la hora de provocar un cambio significativo en algo, si cabe, más básico: la alternancia en el poder.

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