Presentación

Nos encontramos en un momento de tránsito entre dos épocas y seguramente por eso nos cueste entender en toda su complejidad lo que está sucediendo. En las llamadas democracias de corte occidental asistimos perplejos al desmoronamiento de un sistema de principios y valores que creíamos consolidado. La amenaza se cierne sobre lo que hemos dado en llamar “estado del bienestar”. La política se supedita a la economía, como si la ideología que impregna a la primera fuera una rémora para la toma de decisiones racionales de carácter económico cuando, en realidad, la economía aplicada es inseparable de la ideología. No hay leyes económicas irrefutables, de igual modo que no hay derivas políticas inevitables. El ejercicio del poder es una cuestión de poder pero, antes que nada, de querer.

Quienes nos consideramos “gente de izquierdas” o, sencillamente, “progresistas” no podemos permanecer impasibles ante la avalancha conservadora neoliberal que trata de imponer su lógica economicista interesada, como si no hubiere alternativa posible. Frente a la obtención del máximo beneficio, entendido en términos puramente económicos, reivindicamos una concepción de la solidaridad personal y territorial, en la que los sacrificios son repartidos de manera equitativa, contribuyendo más los que más pueden. Reivindicamos reformas que mejoren la productividad y dinamismo de nuestra economía, pero que no impliquen un debilitamiento de las conquistas sociales y laborales, por no hablar de los derechos civiles. Y frente a la concepción neoliberal que considera que la sociedad no existe, solo los individuos, nosotros reclamamos una salida colectiva y solidaria de la crisis que no ponga en riesgo la cohesión social de nuestro país.

Democracia participativa, garantía y ampliación de derechos civiles y sociales, justicia redistributiva, mejora de la igualdad de oportunidades, reforzamiento de la innovación y de la economía productiva frente a la especulación financiera, superación de las visiones uniformistas sin que ello suponga atomización de los discursos, o sostenibilidad del crecimiento económico desde un punto de vista social y medioambiental, son solo algunos de los retos a los que los habitantes de este siglo habremos de enfrentarnos.

La palabra crisis, protagonista de gran parte de las conversaciones parlamentarias, gubernamentales, mediáticas e incluso personales, no puede convertirse en la mordaza que nos haga callar cuando pretendemos ofrecer una manera diferente de interpretar la realidad y proponer soluciones para ella. Crisis también significa oportunidad, y es este el significado al que nos queremos aferrar. Porque en los momentos de tránsito emerge siempre una gran oportunidad para dar un salto hacia delante en la construcción de un mundo mejor, es decir, más igualitario y no por ello menos libre, más justo y más democrático.

A pequeña escala –porque hoy en día la escala nacional es ya pequeña– la realización de esas oportunidades requiere el concurso de todos, personas individuales, gobierno y oposición, agentes sociales y económicos, movimientos asociativos y, lógicamente, de los que hasta la fecha han sido y seguirán siendo los grandes protagonistas de la vida pública, los partidos políticos.

En nuestro país, las pasadas elecciones generales han supuesto un giro profundo y radical en la relación de fuerzas parlamentarias hasta ahora existente. No tanto por la llegada al gobierno del Partido Popular (PP), como por la magnitud de la derrota sufrida por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). La mayoría absoluta conseguida por el PP es, a corto plazo, lo más significativo, en tanto que permite a este partido acumular más poder territorial que lo que hasta el momento ninguno otro había conseguido. Pero a la vista de la agresividad de la acción del gobierno “popular” en estos primeros meses, es probable que de cara al futuro sea aún más relevante el riesgo de que el PSOE se convierta en una fuerza política secundaria, con serias limitaciones para encabezar una alternativa de gobierno, y que se vea abocada, como sucede en algunos territorios, a largos periodos en la oposición, con las implicaciones políticas y sociales que ello trae consigo.

Ante la situación descrita, un grupo de militantes y simpatizantes del PSOE, conscientes de la gravedad y amplio alcance de los retos descritos, hemos decidido poner en marcha esta iniciativa. A través de ella trataremos, en primer lugar, de realizar un análisis certero y sincero de la realidad política y del papel del PSOE, procurando, en segundo término, producir ideas que generen un debate, dentro y fuera del partido, y que impulsen su necesaria y urgente transformación programática y organizativa.

Más allá de nuestra condición de militantes o simpatizantes del PSOE, lo que verdaderamente nos une son cuatro aspectos:

  • La convicción de que los valores que representa la socialdemocracia siguen plenamente vigentes, por más que necesiten de renovación o adaptación al contexto de un mundo globalizado. Creemos, en este sentido, que hay que recuperar la centralidad –hoy perdida– del factor redistributivo, como mejor garantía del equilibrio entre igualdad y libertad y, por extensión, como eje transversal de las diversas políticas sectoriales.
  • La constatación de que los graves problemas que afectan al PSOE como organización se derivan de una progresiva relajación ideológica, de una estructura anticuada y de un funcionamiento esclerotizado.
  • Un sentimiento de malestar por algunas decisiones relevantes adoptadas por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, fundamentalmente, en la última parte de la pasada legislatura. La reforma constitucional o la evolución y decisiones en materia de política tributaria son una buena ilustración de lo que consideramos algo más que falta de coherencia ideológica.
  • El convencimiento de la necesidad de reivindicar el papel central de un PSOE renovado como catalizador del movimiento progresista en nuestro país.

Estamos convencidos de que el PSOE es el partido político que más ha contribuido a las grandes transformaciones que ha experimentado nuestro país, en la creación y consolidación del estado de bienestar, en materia de igualdad y lucha contra la discriminación, en la modernización de nuestro tejido económico, en ampliación de derechos y reforzamiento de la democracia. Por eso consideramos que sigue siendo esencial para continuar con esa transformación, tan necesaria hoy en día.

El pasado 4 de febrero el PSOE eligió un nuevo secretario general y abrió con ello una nueva etapa que va a ser decisiva para el futuro del partido, pero sobre todo para el conjunto de la sociedad. Porque el gobierno extremadamente conservador y radicalmente neoliberal del PP  amenaza con llevarse por delante buena parte del bienestar y del progreso económico alcanzado en estos últimos treinta años. Su “contrarreforma” del aborto o el drástico recorte de los derechos de los trabajadores y la quiebra del sistema de relaciones laborales que suponen su reforma laboral son ya dos ejemplos de ello.

Se impone, por tanto, una reflexión crítica, autocrítica, de la que puedan salir ideas renovadas (o consolidadas), que sitúen a este partido en condiciones de volver a transformar aquella parte de la realidad que menos nos gusta. Nuestro propósito es contribuir a la consecución de tal fin. Y para ello, aportamos lo que somos y lo que tenemos: compromiso, formación, experiencia profesional y la voluntad de hacer realidad los sueños que son posibles. Y porque en momentos como este la contribución de todas la “gente de izquierdas” o de los “progresistas” es necesaria, te animamos a que te sumes a esta iniciativa.

“Líneas Rojas” es el nombre que le hemos dado a este blog, porque entendemos que con él se resumen bien dos de las ideas-fuerza que impulsan esta iniciativa: la reivindicación de unas señas de identidad irrenunciables para el PSOE, tanto en el plano programático como en el organizativo; y la ideología que inspira nuestro pensamiento y propuestas, inequívocamente progresistas, y, por ello, firmemente vinculadas a la realidad, al compromiso de transformación social y a la participación de la sociedad civil. Nos gustaría que todas y todos aquellos que compartan estas inquietudes se sumasen a esta iniciativa, para enriquecerla, haciéndola más fuerte y más plural.