¿Pueden los partidos seguir ignorando la regeneración democrática?

Artículo publicado el 22 de octubre de 2014 en Piedras de Papel de eldiario.es

Permítanme que empiece este post de una forma un poco heterodoxa, recurriendo a las nociones de la física sobre los cambios de estado de la materia.  Éstos se definen como cambios que sufre la materia en su forma, volumen o en su estado, sin alterar su composición o naturaleza. Así, se pasa del estado sólido al líquido, como hace el hielo cuando se derrite por efecto del calor; o del líquido al sólido por el efecto del enfriamiento. En estos casos, se conoce exactamente cuáles son las condiciones que se tienen que dar para que la materia pase de un estado a otro. ¿Pero qué ocurre cuando queremos aplicar estas nociones a los cambios en el estado de la sociedad? ¿Está tan claro cuáles son esas condiciones?

Sabemos que el termómetro social lleva registrando una “temperatura anormal” desde hace varios años. Para comprobarlo tenemos los “síntomas demoscópicos”: niveles récord de desconfianza hacia los políticos, descrédito generalizado de las instituciones e insatisfacción con el funcionamiento de la democracia. Y  también son evidentes los “síntomas electorales”: la fuerza de un nuevo partido, Podemos, que genera una gran capacidad de atracción entre los que quieren (en un número creciente) un caballo de Troya que sirva para cambiar el actual estado de cosas.

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¿Estallará la burbuja social?

Artículo publicado el 11 de julio de 2014 en Piedras de Papel de eldiario.es

Si alguna lección se puede extraer de los últimos seis años marcados por la crisis es que los desequilibrios se acumulan y, más tarde o más temprano, terminan por estallar. Lo vimos primero con la dimensión económica de la crisis. Los desequilibrios propiciados por el acceso y fomento al crédito fácil, junto a un sobredimensionado sector inmobiliario en España, terminaron, al calor de la crisis internacional, por ser insostenibles. Y mientras se desvanecía vertiginosamente el “milagro económico” español, pasamos con el gobierno de Zapatero de la negación inicial a la minimización de la crisis. Después, con el gobierno de Rajoy, que ganó las pasadas elecciones generales con la promesa de una recuperación económica inmediata, hemos pasado de la exaltación de la gravedad de la situación para justificar los sacrificios a las “irrefutables” señales del final de la crisis.

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¿DULCE DERROTA DEL PSC-PSOE?

Las expectativas electorales son siempre un factor clave a la hora de interpretar los resultados alcanzados por una formación política en unas elecciones. Si éstas son muy elevadas pueden contribuir a transformar una victoria en derrota. Y, por el contrario, si son muy negativas pueden convertir una derrota en victoria. De cómo las expectativas pueden jugar en contra o a favor, podrían hablar ahora respectivamente convergentes y socialistas.

En el caso de los socialistas, el hecho de que las encuestas preelectorales les situaran por debajo de los 20 escaños -y algunos de los sondeos realizados a pie de urna les relegaran a la condición de cuarta fuerza política-, les han permitido presentar el peor resultado (20 escaños y, aunque segunda fuerza política en votos, tercera en escaños) que han cosechado en unas elecciones catalanas como una “dulce derrota”. Una percepción a la que contribuye un foco de atención político y mediático puesto en el fracaso de la estrategia electoral de CiU.

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¿“ALGUNAS” ÉLITES EMPIEZAN A TENER MIEDO?

De la economía financiera, a la economía real. De la economía real, a la sociedad. De las grandes cifras macroeconómicas, a la realidad microsocial. De la avalancha de las estadísticas, a los testimonios de primera mano de los que más sufren la crisis y los recortes. De la desorientación individual, a la movilización colectiva. Cinco años después, lo que empezó como una crisis de origen financiero en Estados Unidos, se ha convertido en un “estado” de emergencia social -con una destrucción masiva de empleo, con el empobrecimiento de las clases medias y bajas, con un alarmante aumento de la desigualdad y de la exclusión social- en los países del sur de Europa; mientras el estancamiento económico amenaza a los países del norte y el antieuropeísmo se extiende por el viejo continente.

La receta de la austeridad extrema se está revelando ineficaz -tanto por sus dudosos efectos directos, como por sus peligrosos efectos colaterales-, para luchar contra la crisis (como incluso, desde los sectores económicos más ortodoxos, se empieza a reconocer).

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Atención a la otra Prima de Riesgo

Con la crisis, y como si de una visita incómoda se tratara, la prima de riesgo se ha colado por la puerta de nuestra “casa” para, después, instalarse en nuestro “sofá” y marcar la cotidianeidad de nuestras vidas. Casi de forma compulsiva, el gobierno, los medios de comunicación y, por ende, los ciudadanos vivimos pendientes del diferencial de los tipos de interés de nuestra deuda pública respecto a la deuda pública alemana. Y (ya) nos hemos acostumbrado a superar la barrera de los 500 puntos que sitúan a España en la zona crítica de una posible intervención.

Pero mientras la atención se dirige casi diaria y exclusivamente a seguir la evolución de la prima de riesgo económica, se desatiende la otra prima de riesgo: la social. Una acepción que podríamos definir como el “sobre-coste” que un país ha de “soportar” en términos de convivencia por el deterioro de la situación social. A diferencia de la económica, la prima de riesgo social no es fácil de cuantificar y no conduce a una posible intervención del país, sino a una explosión social.

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Recortes, ¿Qué Recortes?

¿Se acuerdan cuando Zapatero, al inicio de la legislatura pasada, se resistía a pronunciar la palabra crisis? Ahora son los dirigentes populares  los que niegan que estén haciendo recortes sociales. De este modo, en menos de cuatro años, hemos pasado de la etapa de “crisis, ¿qué crisis?” a la de “recortes, ¿qué recortes?”

Como “manifestaciones suaves o decorosas de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”, los populares se entregan con pasión al uso (y abuso) de los eufemismos. De este modo, la subida del IRPF no es un aumento de la carga fiscal, sino “un recargo temporal de la solidaridad”. No se engañen, donde ustedes ven una injusta amnistía fiscal a las grades fortunas, hay en realidad un “gravamen a activos ocultos”. La ambiciosa “agenda reformista” que el gobierno de Rajoy va desvelando cada viernes, no contiene recortes, sino ajustes. Y si al año que viene, como todo parece apuntar, se anuncia una subida del IVA, alégrense porque, de ningún modo, se tratará de un aumento de impuestos, sino de una “ponderación”.

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