¿Por qué los más preparados no encuentran buenos trabajos?

Artículo publicado el 9 de julio de 2014 en Agenda Pública de eldiario.es

Estos días se ha señalado la sobrecualificación como uno de los problemas de nuestro mercado de trabajo. Con ello quieren decir que personas con titulación superior (universitaria, de FP de Grado Superior y la antigua FP II) desempeñan empleos por debajo de su cualificación en mucha mayor medida que en otros países. Paradójicamente, esta realidad convive al mismo tiempo con un alto nivel de abandono educativo temprano, el mayor de la UE, aunque en rápido descenso.

Las explicaciones de que tengamos muchos parados sin cualificación y muchos trabajadores ocupados en empleos por debajo de su cualificación se pueden dividir en dos grandes grupos. Por un lado, la visión dominante es la que parte desde el punto de vista de la “oferta”: el sistema educativo ofrece mala educación, por eso los jóvenes no quieren estudiar, y la cualificación de quienes tienen títulos educativos superiores no es adecuada. Esta visión no termina de convencerme.

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Equidad y élite

Artículo publicado en El País el 1 de abril de 2014

No todos quedan por debajo de la media de la OCDE en PISA. Los hijos de personas sin estudios en España obtienen resultados similares al resto de entrevistados de su misma condición (451 puntos). Sin embargo, los hijos de personas con estudios superiores (tanto universitarios como de FP) lo hacen peor en España (493) que en el promedio de la OCDE (520). El lado bueno de este resultado es que nacer en una familia con más o menos nivel cultural influye menos en el rendimiento educativo que en otros países desarrollados. El lado malo es que el conjunto del país podría carecer en el futuro de élite intelectual. El porcentaje de alumnado excelente es más bajo en España, en parte debido a que los hijos de personas de alto origen social no lo están haciendo tan bien como sus homólogos de otros países desarrollados, mientras que los de bajo origen social lo hacen igual (y en otras pruebas de PISA incluso claramente mejor).

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¿Aumenta la crisis necesariamente la desigualdad?

“No hay en este momento unos indicadores precisos ni en España ni en Europa sobre los datos de desigualdad”, Mariano Rajoy, 8/12/2013, El País.

Sorprende esta declaración, pues muestra desconocimiento de nuestro presidente de un dato importante, fácil de encontrar en la página web de Eurostat o del Instituto Nacional de Estadística, y que aquí se presenta en la Tabla 1 (si se escabulle ante información tan fácil de contrastar, preocupa lo que hará con información menos accesible).

Fuente: Eurostat, código tessi190.

En dicha tabla se observa el indicador más habitual de desigualdad económica, el índice de Gini, una cifra que compara la distribución de la renta de un país con la situación teórica en la que la distribución fuese en la misma proporción para todos, en cuyo caso el indicador tomaría el valor 0. Tomaría el valor 1 si una persona (o familia) tuviese toda la renta y el resto, ninguna. Los valores conocidos históricamente para este índice oscilan entre 0,2 y 0,7, aproximadamente. Sigue leyendo

La Historia en PISA

 Artículo publicado en eldiario.es el 4 de diciembre de 2013

Uno de los muchos datos que genera polémica en torno a PISA es la desigualdad entre comunidades autónomas, hasta el punto que algunas prefieren no participar, posiblemente por el miedo a quedar mal retratadas. Pero lo cierto es que este miedo es originado por una mala interpretación de lo que nos cuenta PISA. Esta prueba mide competencias generales, por lo que no está vinculado directamente a lo que se enseña en las aulas. Estas competencias no sólo se adquieren en la escuela, también se adquieren jugando en la calle, participando en la vida familiar, ante una pantalla, es decir, embebido en una tradición histórica y cultural. Sigue leyendo

El sindicalismo necesario

Este post se publica conjuntamente en Debate Callejero y en Líneas Rojas

Los sindicatos conforman el mayor poder de movilización social organizado de la izquierda. Tanto por su número de militantes como por los recursos que son capaces de emplear, no hay otra institución de defensa organizada tan fuerte para aquellos que no tienen ni el poder económico (empresarios), ni el poder simbólico (intelectuales, expertos) de una sociedad. Debilitar a los sindicatos supone, por tanto, debilitar esa inmensa fuerza de movilización. No resulta nada extraño que la derecha los considere como gran contrincante a batir. Parte de su estrategia consiste en resaltar de manera sensacional sus errores o defectos, como su corporativismo y su exceso de vida burocrática. Son fallos que sin duda deben ser corregidos. Pero otra parte [de las críticas de la derecha?] se basa simplemente en manipulaciones, como cuestionar su representatividad por su número de afiliados. A nadie se le ocurre medir la representatividad de un partido por el número de sus afiliados, sino por sus votos. ¿Por qué se emplea este rasero para la representatividad sindical (Gráfico 1)? Probablemente el origen de esta manipulación se deba a que hay países con alta tasa de afiliación, al menos en algunos sectores profesionales. Pero lo que jamás se dice es que en estos países los convenios colectivos solo afectan a quienes forman parte del sindicato, y que en ocasiones la afiliación es obligatoria para poder trabajar en un determinado oficio, como sucede en EE UU.

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Recortes, paro y políticas baratas

La peor crisis del capitalismo desde 1929 está produciendo dos efectos de signo contrario sobre la educación. Por un lado, el descenso del PIB unido al aumento del gasto por las prestaciones por desempleo ha disparado el déficit del Estado. Las limitaciones de la UE, junto con las condiciones de los mercados financieros, han llevado a los gobiernos a optar por reducir gastos, en vez de aumentar el endeudamiento o la inflación. Ya sabemos cómo ha afectado esto a los presupuestos educativos. Obviamente, los recortes están empeorando las condiciones de trabajo del profesorado. ¿Empeorarán también los resultados? Para responder a esta pregunta podemos observar que en la última década los presupuestos educativos han crecido, pero los resultados educativos permanecen estancados. No sabemos si de no aumentar los presupuestos, los resultados habrían empeorado, pero sí podemos comparar países, y apreciamos que, alcanzado cierto nivel de gasto, mayor presupuesto educativo, no se traduce claramente en mejores resultados. Pero todos estos razonamientos sólo nos hablan de incrementos o estancamientos, no de retrocesos. La frustración del profesorado, especialmente en comunidades autónomas, en las que han sido condenados por las autoridades políticas, sí que podría empeorar el clima escolar, y, por tanto, los resultados educativos.

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