De ciudadanos a consumidores

La creciente tensión entre Capitalismo y Democracia, especialmente perceptible en las economías más empobrecidas por la crisis, no sólo produce indignación, también dota de sentido político a lo que en otro tiempo no pasaba de ser una explosión de rabia pasajera. Si las Marchas de la Dignidad son el primer esbozo de esta indignación organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- algunas preguntas planteadas por Pablo Sánchez y Ariel Jerez en este mismo medio (“Partidos, Militantes y Ciudadanos en la Crisis de Representación”) podrían tener respuesta, al menos tentativa.

La diversidad de grupos y banderas visibles en las Marchas y que tanto preocupa a quienes reclaman ya frentes unitarios, ha demostrado ser más una fortaleza que una debilidad organizativa. Las diferencias ideológicas y los matices programáticos de esta diversidad no parecen ser un obstáculo a la reflexión conjunta y a una movilización política eficiente.

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Por un Socialismo Poético

La ciencia define el amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral. Su origen está en la producción cerebral de la FENILETILAMINA, del grupo de las anfetaminas, que desde el hipotálamo envía mensajes a las glándulas suprarrenales para que aumenten la producción de adrenalina. Esto produce mayores concentraciones de grasas y azúcares que aumentan la capacidad muscular y más producción de glóbulos rojos que facilitan el transporte de oxígeno.

No hay cuerpo humano que aguante este bombardeo químico mucho tiempo. Mal que nos pese, el amor científico suele durar poco, a no ser que se active de forma intermitente con nuevos estímulos.

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Réquiem por el empresariado español

En el debate sobre la crisis llama la atención el escaso interés por el comportamiento estratégico y productivo de los empresarios españoles – del comportamiento político hablaremos en otro momento-. ¿Cómo son nuestr@s empresari@s? ¿Se parecen al “emprendedor innovador” que Schumpeter imaginaba? ¿Son el verdadero pilar del “proceso de destrucción creativa” que hace a las economías más competitivas y a las sociedades más prósperas?

Bastaría con señalar al ex presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, y atribuir sus despropósitos al resto de empresarios.  Es lo que hace y dice la prensa conservadora de los delegados sindicales a diario. Pero sería demasiado fácil, demagógico e injusto.  Mejor recurrir a otro tipo de análisis para valorar las virtudes y carencias de nuestros emprendedores.

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Europa y la Socialdemocracia

La Europa de posguerra se cimentó sobre un “Compromiso de Clases” que institucionalizó los conflictos inherentes entre propiedad privada y derechos sociales. Hoy ese Compromiso está seriamente debilitado, entre otras cosas, por la propia debilidad política, ideología y organizativa de la socialdemocracia en el nuevo contexto de la globalización.

La Europa de hoy es el fiel reflejo de esta debilidad. Definir la actual UE como un proyecto netamente liberal sería exagerado. Pero no lo sería tanto decir que la Europa del Tratado de Lisboa es el resultado político de la lógica de Maastricht y los fundamentos ideológicos en los que se inspiró: “primero el mercado”. Desde entonces, se ha priorizado la consolidación económica sobre la política, y hoy, a pesar de significativos avances, la gobernanza europea sigue incompleta lo que dificulta el avance federal, la consolidación social y la potenciación internacional de Europa como valedora de un modelo de globalización más redistributivo.

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Bajar impuestos no es de izquierdas

En una escena de la película “Desmontando a Harry” un personaje le confiesa a Woody Allen: “detesto la realidad, pero es el único sitio donde puedo tomarme un whisky”. Algo parecido debieron plantearse los socialdemócratas de la posguerra cuando aceptaron capitalismo a cambio de igualdad y que la “vía Blair” ha transformado en  un “me gusta tanto la realidad que no necesito un whisky”.

En los últimos treinta años esta sintonía con “lo real” se ha traducido en gobiernos socialistas cada vez más preocupados por la gestión que por la transformación, por la economía que por la política, por el mercado que por el Estado. Y la crisis ha confirmado que la socialdemocracia, ni ha sido un antídoto a la expansión de este capitalismo financiero, ni sus recursos estratégicos e ideológicos sirven para oponer un modelo económico distinto.

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