Si ellos dan nombre a las cosas a nosotros sólo nos queda obedecer

Reivindico la dimensión política de las palabras. Sin ir más lejos, Liberté, Egalité, Fraternité, han sido tres conceptos fundamentales en la historia de la movilización de la izquierda Europea.  Pocas veces tres sustantivos han evocado tantas imágenes; ¿valdrá más una palabra que mil imágenes? Pocas veces tres conceptos expresados de manera tan limpia han sido capaces de movilizar a tantos excluidos y pocas veces les han llevado tan lejos en la obtención de reconocimiento y dignidad. Tan es así que en el año 1940 el gobierno ultraconservador de Vichy, de la Francia filonazi, se apresuró en cambiar tan osado lema por el no menos elocuente, Travail, Famille, Patrie, tan próximo a nuestro Familia, Municipio y Sindicato, en fin, tres palabritas amables que así de seguido a más de uno nos dan escalofríos ¿verdad?

El reino de las ideas se construye con palabras, pero el principado de la acción también se establece con palabras. Cómo vamos a defender una política fiscal redistributiva, cómo vamos a dar la batalla para que no siga creciendo la horquilla entre los que más y los que menos ganan, o cómo vamos a defender una oferta pública, que no gratuita, ojo que todo se paga, en educación, sanidad, transportes, o en la gestión/comercialización del agua, si aceptamos que lo público equivale a gestión lenta y burocrática y lo privado es sinónimo de eficacia y agilidad, o que la estructura impositiva de un país equivale a la “presión fiscal” que ejerce el gobierno de turno.

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