“Gobernar (democráticamente) Europa”, el día después

Artículo publicado el 25 de abril en el blog de la Fundación Alternativas del diario El País

Las próximas elecciones al Parlamento Europeo (PE) tendrán lugar entre el 22 y el 25 de mayo. Nunca antes unas elecciones europeas habían levantado tanta expectación ni tanta atención mediática, pues en anteriores ocasiones siempre había primado su  consideración como elecciones subordinadas en importancia a otras (lo que los politólogos denominan second-order elections).

El impacto de las medidas tomadas a nivel europeo para hacer frente a la crisis, la decisión de los partidos políticos europeos de nombrar candidatos para presidente de la Comisión Europea, el incremento en los poderes del PE desde el Tratado de Lisboa, cuestiones nacionales específicas, como en el caso de nuestro país que sean las primeras elecciones en dos años… Por el motivo que sea, todo conduce a que en los próximos meses gran parte de la actualidad política tendrá como centro estas elecciones.

Sin embargo, dejando a un lado su resultado final, el día después de las elecciones tendríamos que ir dando respuesta a una serie de cuestiones que pese a su enorme importancia, mucho me temo que no vayan a estar presentes en los debates de la campaña.

La UE es hoy víctima de una profunda crisis financiera y económica, que se ha acabado por trasladar al ámbito político hasta convertirse en una crisis existencial. La crisis ha dejado al descubierto las carencias de la construcción de la Unión Económica y Monetaria que alumbró la moneda única y cuya consecuencia más importante ha sido una mayor trasferencia de soberanía al nivel supranacional europeo a través de instrumentos como el llamado Semestre Europeo o el nuevo Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza.

Pero estas trasferencias de soberanía al nivel supranacional europeo, derivadas de las medidas tomadas para frenar las crisis, no han venido acompañadas del necesario control democrático a ese mismo nivel. La estructura de la Troika y su falta de control es el mejor ejemplo de ello.

De esta manera, algunos de los tradicionales problemas de legitimidad y eficacia que desde hace tiempo aquejaban al sistema institucional europeo no han hecho sino exacerbarse con las medidas anticrisis. Nos encontraríamos en una situación en la que, si no se desarrollan más y mejores mecanismos de control, correríamos el riesgo de que el proyecto europeo signifique un retroceso en términos de desarrollo democrático. Si  no aparecen mecanismos de representación y control adecuados, un sistema, caracterizado por normas comunitarias impuestas a sus Estados miembros para garantizar la estabilidad de la Unión Monetaria, acabará siendo políticamente insostenible.

La UE no debe construirse como un desafío a las democracias establecidas en cada Estado miembro sino como la posibilidad renovada de construir una democracia a escala europea, en ámbitos donde el marco nacional ha quedado definitivamente superado. Por ello, el gran reto que la UE tiene ante sí es avanzar desde la Unión Monetaria hacia una verdadera Unión Económica con la Unión Política como estación final, pero sin que en este trayecto se socave el modelo social y democrático europeo que ha caracterizado a nuestro continente frente a otras maneras de organización social en otras partes del mundo. Haríamos bien en tener estas cuestiones en mente, aunque sea el día después de las elecciones.

Un pensamiento en ““Gobernar (democráticamente) Europa”, el día después

  1. Querido David:
    Se suele asumir que las democracias nacionales son mejores que la europea.
    Yo no estoy tan seguro, al contrario.
    Lo podemos debatir.

    Ricard.

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