El Estado, laico

La libertad religiosa, que incluye la libertad de culto, viene garantizada al máximo nivel en nuestra Constitución, en tanto que derecho fundamental. Pero su dimensión subjetiva, merecedora sin duda de esa protección, no puede traducirse en una proyección pública de ninguna religión vinculada a los órganos del Estado. La única manera de garantizar la efectividad de la libertad religiosa –dentro de la cual se incluyen todos los credos, pero también la no profesión de ninguno de ellos–, pasa por mantener la neutralidad de los poderes públicos a este respecto. Solo un Estado laico se encuentra en condiciones de conseguir que las creencias de cada persona, profese o no una determinada religión, sean igualmente respetadas.

Líneas Rojas ha querido ilustrar esta línea roja a través de una entrevista a Francisco Delgado, Presidente de la Asociación Europa Laica.

Francisco Delgado nació en Albacete y es diplomado en psicología industrial y salud laboral. Fue diputado en 1977 y senador en 1979 por el PSOE. Ha sido teniente-alcalde en el ayuntamiento de Albacete, entre 1991 y 1994. Formó parte del sector crítico del PSOE y en 1999 se dio de baja. Ha sido presidente de CEAPA. Fue miembro del “Consejo Escolar del Estado” durante 13 años. Ha escrito diversas publicaciones, entre ellas, “La escuela pública amenazada” (1997), “Hacia la escuela laica” (2006) y, con varios autores, “Aprender sin dogmas” (Ed. Milrazones, 2011). En la actualidad preside la asociación Europa Laica.

¿Puede haber una democracia completa sin laicismo?

Laicismo y Democracia son principios indisociables, ya que el laicismo (como expresa nuestra carta programática) significa la defensa del pluralismo ideológico en pie de igualdad, como regla fundamental del Estado de Derecho, y el establecimiento de un marco jurídico adecuado y efectivo que lo garantice y lo proteja frente a toda interferencia de instituciones religiosas (o de otra naturaleza filosófica o ideológica) que implique ventajas o privilegios.

Dígame 3 razones por las cuales un ciudadano se vería beneficiado por un Estado Laico y no uno aconfesional como ahora.

No todas las personas tienen una misma idea sobre un mismo principio terminológico y sobre una situación real. Es cierto que aun en su calculada ambigüedad la Constitución española de 1978 se puede considerar como “no confesional”: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal” (art. 16.3 CE), pero -en la práctica- como consecuencia de los “Acuerdos con la Santa Sede de 1979” y de unas políticas que marcan un cierto statu quo histórico con la corporación católica, el Estado español no es neutral, ya que se mantienen privilegios tributarios, económicos, simbólicos, políticos y en materia de Enseñanza y servicios sociales con la iglesia católica. Ahora, con los procesos de privatización, los privilegios obtenidos están aumentando en Enseñanza y Servicios sociales. Además, los funerales oficiales se hacen con el rito católico y los ministros y muchos alcaldes juran-prometen ante un crucifijo…, entre otras muchas actitudes confesionales.

Frente a esta situación es necesario que el Estado garantice: 1º.- El Derecho a la Libertad de conciencia (incluida la libertad de religión) y de expresión plena de cada ciudadano y ciudadana. 2º.- Unos actos oficiales y unas instituciones (entre ellas, la Enseñanza) totalmente laicos. 3º.- Una separación total del Estado de las religiones, esencialmente de la católica.

Con ello estaríamos en la línea de construir un verdadero Estado laico y, por lo tanto, de Derecho.

Es cierto que muchas personas relacionan Laicismo con “anticlericalismo”. ¿Qué medidas están llevando a cabo para concienciar a la ciudadanía sobre las bondades de un Estado Laico alejando el laicismo del conflicto clericalismo/anticlericalismo que tanto le interesa a la Iglesia Católica?

Sí. La confusión “interesa” a la “iglesia católica” y a otras religiones, pero también a poderosos grupos económicos y políticos. El laicismo ni es ateísmo, ni anticlericalismo… La labor pedagógica de Europa Laica ( www.laicismo.org) es la de la información directa y a través de las diversas campañas a la ciudadanía, las denuncias activas sobre hechos que vulneran la libertad de conciencia, tratar de actuar como lobby ante el poder político y mediático, mantener nuestroObservatorio de la laicidad como instrumento al servicio de la laicidad de las instituciones y de la ciudadanía y la elaboración de propuestas normativas y legislativas.

¿Cree que la campaña “Que la iglesia pague el IBI” solo ha sido capaz de cuajar en plena crisis económica, cuando la ciudadanía tiene el ojo puesto en cada privilegio, como ocurre en este caso con el dinero que recibe la iglesia en exenciones fiscales y donaciones directas? Si es así, ¿confía en que esta crisis sirva para que los ciudadanos se conciencien sobre la necesidad del Estado Laico de una vez por todas?

Es una tarea muy lenta. Las “corporaciones religiosas” son casi tan antiguas como la humanidad e influyen notablemente para que no se avance hacia el Estado laico. Ellas desean Estados-Religión o la confesionalidad de los Estados. Han conseguido, a lo largo de la historia, mucho poder económico, simbólico y político, porque han sido un instrumento de “control social” al servicio del poder. En muchas ocasiones imponen una determinada moral religiosa por la fuerza, con la complicidad del poder político, mediático y económico. La idea del “Estado laico” moderno es muy reciente. Calará muy poco a poco y a muy largo plazo. Cuando los seres humanos dejen de ser “esclavos” de sus “amos” (ya sea un Estado, un patrono, una deidad o cualquier ser humano que lo esclavice).

La cuestión del IBI y el pago de otros impuestos debe considerarse como un acto de justicia, de equidad, de solidaridad, y tiene que ver con el Estado de Derecho, sin privilegios para nadie… sea una religión, una fundación o cualquier otra organización social o política. Para avanzar en ello hay que anular los Acuerdos con la Santa Sede y modificar la Ley de fundaciones. Al igual que hay que modificar la Ley hipotecaria para evitar las inmatriculaciones (usurpación de bienes públicos) por parte de la Iglesia Católica.

¿Hay algún otro país de la Unión Europea donde la Iglesia mayoritaria ejerza un poder tan grande a la hora de legislar e imponer determinados preceptos morales como en España?

En Grecia la “iglesia cristiana ortodoxa” y en Irlanda y Polonia, la católica.

¿Por qué cree que el PSOE no se ha atrevido a romper con los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 hasta que no ha llegado a la oposición en 2011? ¿Cree que el hecho de que todavía a día de hoy 7 de cada 10 españoles se declaren católicos puede pesar sobre la dirección del PSOE a la hora de no atreverse a “dividir a España” con una Ley de Libertad Religiosa que acabara con los privilegios de la Iglesia Católica?

Honradamente, creo que la actual dirección del PSOE, quizá frente a lo que opina un buen porcentaje de afiliados, no está ni cultural, ni políticamente preparada para dar el paso de proponer la anulación de los Acuerdos con la Santa Sede, aunque están “ofreciendo” algunas “amenazas”, pero ¡ojo! … muy “condicionadas” y ramplonas. Las excusas sociológicas y electorales que se dan no son reales, tienen que ver (más) con un determinado ideario político de algunos dirigentes del PSOE, que están de acuerdo con los actuales privilegios de la iglesia católica.

La realidad sociológica es muy distinta a lo que indicas en tu pregunta, ya que de ese 7 de cada 10 que se declaran católicos (de todas las edades) no pasan del 25% los que se declaran como católicos practicantes o de catecismo, mientras que ya pasan del 20 % los que abiertamente se declaran ateos y agnósticos o indiferentes ante el hecho religioso, y se acercan al 5% los que se declaran de otras religiones.

Pero yo suelo tener más en cuenta la opinión de los menores de cuarenta años, que son los que no han “padecido” un “catolicismo impuesto”, que serán la base política y social de los próximos años. Y ahí (ya) baja al 55% los que se definen como católicos y, de estos, sólo un 9%, como practicantes, mientras que más de un 35% se consideran ateos, agnósticos, no creyentes o indiferentes. Pero es que entre los actuales votantes del PSOE, casi un 70% aceptan que se eliminen los privilegios económicos, tributarios y en materia de Enseñanza que disfruta la IC.

Laicismo y socialdemocracia. ¿Pueden ir de la mano en España? ¿Cree que si el PSOE vuelve a gobernar podrá cumplir su promesa actual de romper con los Acuerdos con la Iglesia Católica y cambiar la Constitución para hacer de España un Estado Laico con plenas garantías?

Deberían ir de la mano, pues en la genética política de la socialdemocracia clásica este era un principio fundamental, pero con el paso del tiempo se ha desvirtuado una parte importante del ideario, como la separación, real, del Estado de las religiones. Repito, la actual dirección del PSOE no va a hacer nada, salvo que, hipotéticamente, le obligara una coalición con la izquierda política. Pero, incluso así, siempre tendrían “excusas” y “darían largas” por haber otras “prioridades”…

¿Cómo valora el fin de “Educación para la Ciudadanía” y el reforzamiento de la asignatura de religión en los centros de enseñanza públicos?

Todo lo que sea una mayor carga confesional en la Enseñanza lo consideramos un grave error, pues se vulneran los derechos a la libertad de conciencia de los menores y del profesorado. Pero esta cuestión el PSOE tampoco la solucionó, ya que en la LOE a cambio de poner sólo durante dos cursos la asignatura a la que aludes, mantuvo la religión confesional en las escuelas y los conciertos con la privada católica. Ahora, con la LOMCE se trata de eliminar “Educación para la ciudadanía”, lo que no es nada positivo; no obstante, para nosotros es más preocupante que se deje como opcional la Ética (Educación ético-cívica) de 4º de la E.S.O, que tiene una gran importancia para el análisis crítico para todo el alumnado en una edad crucial.

¿Cuáles son los avances necesarios hacia una España Laica?

La sociedad española, como todas, es muy plural. Quien tiene que ser “laico” es el Estado y sus instituciones, actos y acciones… Para ello se han de desarrollar varias cuestiones: En primer lugar, una actitud política favorable a ello, en cumplimiento de la Constitución y de la no confesionalidad del Estado, sobre todo, en lo económico y lo simbólico. En cuanto a propuestas inmediatas: La anulación de los Acuerdos con la Santa Sede, derogar la Ley de libertad religiosa de 1980 y elaborar una “Ley de Libertad de Conciencia” (Europa Laica tiene una propuesta articulada (http://www.laicismo.org/detalle.php?pk=1103), desarrollar una ley de Enseñanza que garantice la laicidad de la misma y, quizá, sea necesaria también una reforma constitucional…, para lo cual tenemos asimismo propuestas en relación con los artículos 16 y 27.

En la última JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) el Papa Francisco I hizo un alegato a favor de la laicidad de los estados. ¿Le ha sorprendido? ¿Qué opinión le merecen estas declaraciones?

Muy poca sorpresa sobre las diversas manifestaciones de Francisco en su visita a Brasil el pasado mes de julio, a la JMJ. Estaba en el guión. La “laicidad del Estado” que “interpreta” malévolamente la jerarquía católica, así como las soflamas sobre la “pobreza de la iglesia” o la “denuncia” sobre el alto clericalismo y boato de los obispos, son “mensajes-marketing hipócritas”, en la línea de lo mantenido por algunos antecesores de los siglos XIX y XX. No nos olvidemos que el “Papa argentino” es un defensor -a ultranza- de la “Doctrina Social de la Iglesia” y del “catecismo” (evidentemente), como lo fuera el muy hábil León XIII, que impulsó las organizaciones de trabajadores (con la intención de disolver los movimientos obreros), la democracia cristiana (para participar en política representativa) y organizaciones de caridad, (para sustituir los servicios sociales del Estado). En esa línea, Francisco “engancha” a muchos de sus fieles, ya que tiene un discurso que gusta escuchar a sus “fieles” y porque -además- lo tiene que hacer ante la “competencia” en el mercadeo religioso que hay, sobre todo, en América latina y el rechazo que provoca, entre muchos jóvenes del s.XXI, una moral trasnochada. La jerarquía católica siempre ha sabido “jugar”, muy bien, a “dos y tres bandas”…

Falta saber cómo gestionará, durante los próximos años, el enorme poder económico, patrimonial (robado en la mayoría de los casos), político, simbólico, mediático y en materia de Enseñanza que acumula, o que hará con los Concordatos y los privilegios que obtiene de muchos Estados, o qué postura tomará con asociaciones fundamentalistas de la iglesia, como los Kikos, los legionarios, el OPUS, etc. O cuál será su posición -real- ante derechos civiles, como el aborto, la sexualidad, el modelo de familia y el matrimonio igualitario. Dijo a un grupo de periodistas que “no es quien para juzgar a un gay”, pero, a continuación, afirma que “viven en pecado”. ¿Qué hará con el celibato de los curas? ¿Y ante la teología de la liberación? ¿Qué hará con la participación de la IC en el mercado financiero y turístico? ¿Cómo ve su consideración de “jefe de un Estado ficción”, concedida por Mussolini?¿Qué opina de la colaboración de la IC oficial con totalitarismos fascistas?¿Qué opina sobre la  “infalibilidad pontificia” o sobre los “dogmas de fe”, o, por ejemplo, sobre la rancia e integrista Conferencia Episcopal española?

Sí se ha pronunciado, sin embargo, sobre lo siguiente: No modificará el papel secundario de las mujeres en la iglesia. Lo que justificó porque los (supuestos) 12 apóstoles eran varones… Algo cutre ¿no?

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