Eficacia e ideología en la LOMCE

La LOMCE insiste en su preámbulo que es una ley basada en evidencia empírica. Por ejemplo, hay evidencia empírica en que la evaluación externa del rendimiento del alumnado puede contribuir tanto a la mejora de resultados como a disminuir la desigualdad de oportunidades educativas. Pero esto no quiere decir que esas pruebas deban ser reválidas, es decir, a final de un nivel educativo y bloqueando el acceso al nivel siguiente, ni que sus resultados se hagan públicos por centros. Al hacerlas al final de ciclo, serán poco útiles para desarrollar mejoras. Y al ser un nuevo obstáculo, dificultarán el paso a los niveles superiores. En cuanto a que sean públicas, parece que es una buena razón desde el punto de vista de la transparencia. Pero debemos tener en cuenta que cuanto mayor sea el peso que se le dé a este tipo de pruebas en cada etapa educativa, tanto para el alumnado como para el profesorado, mayor será la presión para corromperlas (Ley de Campbell). Al final, el Gobierno de turno podrá presumir de mejoras en los resultados, pero lo único que habrá mejorado será el entrenamiento para superar las pruebas que se hará en los centros educativos, y las trampas, a veces legales, a veces ilegales.

La evidencia empírica también sugiere que es importante que no haya “vías muertas” en las trayectorias educativas, es decir, que siempre que se acabe un nivel, sea posible continuar estudiando. En esto, la LOGSE cometió un gran fallo, pues quien no finalizaba la ESO, no podía cursar estudios post-obligatorios. La Ley de Economía Sostenible (2011) intentó suavizar este problema con los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI). En teoría la LOMCE es más flexible, pues permite más pasarelas entre distintos niveles. El problema está en los detalles, pues estas pasarelas dependerán de exámenes (cosa que ya sucede), por lo que nuevamente se ponen trabas a quien quiera seguir estudiando. Un buen sistema educativo no es aquel que pone un nivel y se despreocupa de quien no llega, sino que toma a cada persona en el nivel en el que está y la sube los peldaños que esa persona quiera subir.

La LOMCE introduce un nuevo título, FP  Básica, que se puede comenzar en la enseñanza obligatoria. En principio está bien que dentro de esta etapa la FP tenga más cabida de la que tenía con la LOGSE. Con la LOE y los PCPI ya se había iniciado este camino. Los primeros textos del Gobierno en torno a la LOMCE dejaron bien claro cuál era el objetivo de este nuevo título: formar a inmigrantes y personas de entornos socioculturales desfavorecidos. Por tanto, su objetivo, primero declarado, y luego negado, es apartar a quienes crean dificultades en las aulas por sus características sociales del resto de compañeros, al tiempo que se cancelan los programas de refuerzo educativo (en 4º de ESO no se prevén este tipo de medidas). Está por ver la consideración estadística que tendrá este nuevo título de FP Básica. Si el Gobierno consigue que a nivel internacional sea reconocido como lo que se conoce en términos técnicos como ISCED-3 (es decir, como un nivel profesional superior a la ESO), muchas personas que ahora computan en situación de abandono educativo dejarían de estarlo. Mejoramos las estadísticas mejorando los trucos.

Lo comentado tiene que ver con los aspectos de la eficiencia de la LOMCE. Nos queda la cuestión de la ideología. Son muchos los millones de votos que puede mover el PP al grito de “España católica”. Un grito que cohesiona a su electorado, mientras que fractura al del PSOE. El nacionalismo españolista y el catolicismo no tienen fisuras en el PP, pero el PSOE tiene más sensibilidad con los nacionalismos periféricos, y según qué comunidades autónomas (como Castilla – La Mancha o Andalucía), tiene mucho voto católico. En estos momentos de debilidad electoral, nada mejor para el PP que salir al espacio público con una ley que según Wert pretende españolizar Cataluña y con la que la Conferencia Episcopal se muestra satisfecha, aunque no la mayoría de los españoles (según las encuestas).

2 pensamientos en “Eficacia e ideología en la LOMCE

  1. Me parece muy bien el enfoque, lejos de la histeria corriente. Un pero le pondría: reproduce la confusión entre alumnos malos y alumnos pobres, nefasta exportación de la sociología a la política. La correlación entre origen social y rendimiento académico no autoriza a tomar una cosa por la otra. Las escuelas deben organizarse en función de la capacidad académica de los alumnos, no de la clase social de sus padres. .

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