Propuestas del PSOE, bienvenidas

El PSOE lleva un año y medio en la oposición, tras una derrota electoral que le dejó muy tocado, con grietas internas, sin un plan de actuación definido y, en consecuencia, muy expuesto a críticas desde uno y otro lado, a su derecha y a su izquierda. No debería quejarse por ello: es lo que debe esperar un partido que aspira a gobernar y que, desde la oposición, sigue siendo la referencia para millones de ciudadanos y ciudadanas, a los que ha defraudado en época aún tan reciente.

Se ha reprochado a este partido en esta etapa su pasividad y su incapacidad para articular propuestas a la altura que exige la situación de emergencia que vivimos. Y con razón. Sin embargo, un mínimo de ecuanimidad y análisis debe concluir que sí ha elaborado algunas propuestas alternativas de interés; aunque menores o con escaso éxito. Muchas veces, porque la bondad de la iniciativa se ha diluido con su concreción, o porque ha confundido disposición al pacto con tibieza de sus planteamientos, en un escenario que exige nitidez y vigor, y en el que las medias tintas se castigan sin contemplaciones. Otras veces se han perdido por falta de eco en los medios, por errores de comunicación, o por la irrelevancia que se concede a las iniciativas parlamentarias en nuestro país, máxime en un contexto de mayoría absoluta del partido en el gobierno, que ejerce de rodillo sin rubor. Ha faltado, en todo caso, un relato que unificara todas las propuestas y diera forma a un programa alternativo potente, coherente y realista, que pusiera aún más en evidencia que el camino que sigue el Gobierno del Partido Popular es interesado, injusto e ineficiente, una tragedia para todos los ciudadanos, de consecuencias difícilmente reparables en el medio y largo plazo.

Y seguramente ese relato coherente, integral y sostenido sigue faltando en la oposición del PSOE. Pero justo es reconocer que, desde que comenzaron los trabajos para preparar la Conferencia Política prevista para otoño de este año, estructurados en jornadas y documentos temáticos (los llamados Diálogos), se aprecia una positiva evolución en este sentido. Se han desarrollado ya tres Jornadas, relativas a Europa (16 de febrero), al Crecimiento económico y del empleo (9 de marzo) y a la Fiscalidad (13 de abril), a las que se han realizado numerosas aportaciones y de las que han surgido documentos reseñables, con acertados diagnósticos y propuestas, y que ofrecen un buen punto de partida sobre el que desarrollar un programa de actuaciones de progreso.

La propuesta anunciada ahora de un Plan de Reactivación de la Economía y el Empleo, de la que el PSOE ha presentado un avance, camina en la misma línea positiva. En este caso, poniendo el acento en la situación de extrema urgencia que atraviesa el país, con medidas de impacto en 6 ámbitos de actuación centradas en el corto plazo. Acierta en plantear la situación en esos términos de urgencia; en atreverse con medidas de calado y de corte en muchos casos novedoso; y en plantearlas como una oferta de pacto, pero desde una evidente distancia respecto de las políticas promovidas por el Gobierno y por la Comisión Europea, cuyo fracaso es a estas alturas evidente. Por todo eso es, en términos generales, una buena iniciativa, que surge en un momento pertinente, y que merece debate. Porque las necesidades de los más de 6 millones de desempleados y el hartazgo de la ciudadanía no admiten ya demora.

Ante todas estas propuestas (tanto las recogidas en los Diálogos previos a la Conferencia Política como esta nueva dirigida alcanzar un Pacto de Estado), se están vertiendo 3 líneas de crítica que, sin negar la bondad intrínseca de las medidas, buscan desacreditarlas, y que por su reiteración, resulta interesante comentar:

  1. Estas medidas llegan tarde; el PSOE debería haberlas hecho cuando estaba en el Gobierno, y no ahora desde la oposición. Es la crítica número uno, y la más certera. Porque lo que dice es cierto: el PSOE no aplicó un programa socialdemócrata en muchos ámbitos de su acción de gobierno en el pasado, y se equivocó gravemente al adoptar una línea política errónea en mayo de 2010, de modo que ha sido corresponsable del agravamiento de la crisis, de la falta de confianza generada en la ciudadanía, y de la desafección de buena parte de sus votantes. Todo eso no debió ocurrir, pero el PSOE ya lo pagó en las urnas, y lo sigue pagando en la actualidad en términos de credibilidad. Y todo eso constituye un debate trascendente para el futuro del Partido, pero en absoluto puede llevar a invalidar las propuestas que ahora realice. Porque resulta también incoherente acusar al PSOE de pasividad o de hacer una política escasamente de izquierdas y, cuando acierta con el discurso y las medidas, negarle validez a estas por lo realizado en el pasado. Quien se haya instalado en la desconfianza perpetua en el Partido Socialista por lo realizado en los últimos años está en su derecho; pero justo es entonces desligar ese alejamiento de las políticas que en esta nueva etapa proponga, que se derivarán estrictamente de la falta de confianza. Ahora bien, para todos aquellos cuyo distanciamiento se haya derivado directamente de las actuaciones realizadas, porque considere que el Partido Socialista realizó una política que abandonó principios esenciales de su ideario de izquierda, es de suponer que valorará positivamente la recuperación de una política nítidamente progresista. Y ello es compatible con el debate sobre la credibilidad de las personas encargadas de aplicar esas políticas desde la dirigencia del Partido.
  2. Las propuestas no son originales, las ha “copiado” a otras formaciones políticas o a organizaciones o movimientos sociales. Es evidente que el hecho de que dos grupos políticos compartan propuestas no es indicativo de la existencia de un plagio; en la mayoría de los casos es fruto de una coincidencia coherente, si comparten también objetivos y espacio ideológico. Pero, aún suponiendo que esto fuera cierto, ¿qué tiene de malo adoptar una idea de otro si esta es buena? ¿Acaso no debe ser esta una de las funciones de los partidos políticos, escuchar y adoptar medidas útiles para los ciudadanos? ¿No están pidiendo muchos militantes y simpatizantes del PSOE que este sea más receptivo a las propuestas que se vienen defendiendo desde diversas plataformas ciudadanas, a pesar de que no estuvieran antes en el programa electoral del Partido, o incluso supongan una manifiesta rectificación de lo defendido –erróneamente- hasta ahora? Sí sería censurable que esta adopción de ideas ajenas constituyera una forma de actuación oportunista o demagógica; pero si esto no es así, sino que sirve para estructurar un cuerpo reivindicativo sólido y coherente, ¿cuál puede ser el reproche? Si la cuestión es que se prefiere a otras fuerzas políticas que mantengan la misma propuesta, adelante. Pero bienvenidas sean todas las rectificaciones y adopciones de buenas ideas si estas permiten que el PSOE consolide un programa claramente de izquierdas.
  3.  Las medidas propuestas están bien dirigidas, son positivas, pero Bruselas y Alemania no las van admitir, porque modifican los estrictos criterios que vienen aplicando. Este reproche peca de un preocupante exceso de realismo, demoledor para la izquierda.. Porque viene a admitir que cualquier propuesta que no siga los dictados de la Sra. Merkel y de los halcones de la austeridad extrema ahora dominantes no debe ser defendida, ni siquiera planteada, ya que no tiene visos de poder aplicarse. Supone, en definitiva, la resignación a la aplicación de la desastrosa política actual, la claudicación ante los recortes y ante el desmantelamiento del modelo social europeo. Y no es en absoluto así. Al contrario, si las propuestas son razonables económicamente y justas socialmente, no solo deben plantearse, sino que suponen la única oportunidad de salir de esta crisis. Aunque es evidente que las dificultades para llevarlas a buen puerto existen. Y por eso sería necesario respaldar esas propuestas frente a la troika en un amplio consenso político y social en nuestro país, y lograr el apoyo coordinado de otros países que, como España, precisan de un cambio de rumbo de la política europea, que cada vez son más y de peso más relevante (España, Francia e Italia juntas suponen aproximadamente la mitad del PIB de la zona euro).

No parecen todas estas, en consecuencia, críticas capaces de desacreditar las propuestas que viene realizando el PSOE en los últimos meses y, de forma menos visible, desde el inicio de la legislatura. Es su análisis riguroso desde todo punto de vista el que debe dilucidar si son medidas positivas y progresistas o no. Y debe diferenciarse esta valoración objetiva de las medidas de la apreciación subjetiva que, en términos de credibilidad, puedan merecer las personas concretas que en la actualidad dirigen el Partido o su estrategia como grupo político. Porque ese es otro debate, sin duda muy importante y con implicaciones cruciales sobre la viabilidad del proyecto político que el PSOE representa, pero diferente.

Ante la propuesta de pacto de Rubalcaba, con unos contenidos realistas y concretos, resultan muy significativos tanto el desaire del Presidente Rajoy como el apresuramiento descalificatorio de portavoces de la Comisión Europea, que van más allá de discrepancias técnicas sobre la viabilidad de alguna de sus propuestas en el marco del rescate aplicado a España, y que podrían ser objeto de discusión. Más bien ponen de manifiesto que uno y otros no entienden que la situación socioeconómica para los ciudadanos de nuestro país es insostenible, y que este tipo de escenarios suelen derivar en quiebras democráticas y de convivencia de peligrosas consecuencias.

Todo ello permite señalar tres conclusiones: primera, que, más allá de forzadas declaraciones, el Gobierno del PP no quiere consensos ni pactos de estado que no signifiquen la asunción acrítica de los recortes económicos y de derechos laborales, sociales y de ciudadanía que está acometiendo; segunda, que la Comisión Europea no cambiará de actitud y exigencias si los países que comparten otra lógica (esencialmente, los del sur de Europa) no se unen y oponen con firmeza y cohesión un bloque común con propuestas alternativas a Alemania, que actúa a placer y con delectación de capataz de esta Europa asimétrica e incompleta; y tercera, que el PSOE debe seguir realizando y promoviendo propuestas de calado, siendo receptivo a las que vienen lanzando sindicatos, movimientos sociales y otras formaciones políticas del ámbito de la izquierda, para conseguir armar un cuerpo programático realista, ilusionante e inequívocamente progresista.

Un pensamiento en “Propuestas del PSOE, bienvenidas

  1. Partiendo de que estoy de acuerdo con lo expuesto por Alberto del Pozo, apuntaría también la necesidad de llevar estas propuesta y otras que permitan ahondar en la solución de los problemas de nuestro país, al conjunto de la izquierda política y social (partidos, movimientos sociales y ciudadanos etc), incluso para ser llevados en un programa electoral unitario. Si no se llega a gobernar no se tiene la oportunidad de cambiar nada.

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