Carta abierta a Juan Rosell, presidente de la CEOE

Estimado Juan:

Estimado Juan,

La forma en que vemos a los demás dice mucho de nosotros mismos. Tus recientes declaraciones sobre los trabajadores españoles tildándolos de vagos, inútiles y sobreprotegidos, son un ejemplo de pobreza intelectual, las limitaciones de conocimiento y la necesidad de regeneración del empresariado español, o al menos de una parte del mismo, a la que bien representas.

Te hemos escuchado decir que la huelga es un derecho revisable, que el despido improcedente es una anomalía, que los trabajadores solo buscan empleo cuando no tienen más remedio, que no hay tanto desempleo como dicen las encuestas (aunque estén homologadas y avaladas internacionalmente) y que los funcionarios mejor en sus casas que en sus puestos de trabajo.

El mantra radical y antisocial de siempre. Pero ahora es más dañino, porque nos encontrarnos en una situación dramática para millones de trabajadores, y porque éstos son muy conscientes de que, si se encuentran así en estos momentos, es porque las políticas desarrolladas en los últimos veinte años y la especulación empresarial les han empujado hasta aquí. Por eso ya  no cuela. Culpar a la clase trabajadora de los males endémicos de la economía española, y en particular de la crisis, es una burla.

La transición empresarial del franquismo a la democracia en los 70s, ( “tan ejemplar como el resto”), la integración europea en los 80s (“esto de Europa es la hostia, tío” ), las privatizaciones de empresas públicas en los 90 (“tener un compañero de pupitre que llegue a presidente es un tesoro”)- y la crisis financiera y la burbuja inmobiliaria en 2000s  (“el precio de la vivienda nunca baja”) nos definen como economía. Es esto culpa de los trabajadores y su pretendida ociosidad?

Desde que Gabriel Tortella definiese al empresariado español del XIX como escaso, poco competitivo y proclives a buscar y vivir de las rentas del Estado, parece que nos cuesta deshacernos de este prototipo, y que incluso algunos os esforzáis por refrendarlo día a día. Las ingentes cantidades que estamos dedicando a salvar al sistema bancario refuerzan su poder en busca desesperada por quedarse con el último gran bocado del Estado: la educación, la sanidad y las pensiones.

Para tal fin todo vale, incluidas tus declaraciones. Entiendo que prefieras lo privado a lo público, que no te guste pagar impuestos, que prefieras el despido libre y que detestes las subvenciones (salvo los más de 6.000 millones de euros que hemos dedicado a bonificaciones a la contratación en los últimos tres años). Pero lo de funcionarios gastando papel y tinta resulta muy grosero, impropio de alguien que tiene importantes funciones representativas e institucionales en nuestro país, y un papel clave para alcanzar consensos básicos para nuestra economía y para nuestra sociedad.

Mejor proponer que disponer. Seguro que hay espacios de entendimiento. Pero también seguro que con declaraciones como las que has realizado, cada vez serán más estrechos. Cada vez se entiende peor la escena final de la película “Metrópolis”, donde capital y trabajo se dan un abrazo.

El cambio de modelo productivo podría ser una nueva oportunidad de reencuentro. Pero en este mismo blog tienes evidencias sobre lo preocupante del tema y el poco esfuerzo realizado por la inversión privada hasta el momento para hacerlo posible.

 Un saludo

 Líneas Rojas

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