La insoportable corrupción del PP

Si las numerosas y detalladas informaciones que están apareciendo en los distintos medios en los últimos días son ciertas, el Partido Popular está podrido por la corrupción. Durante años esta fuerza política habría estado pagando con dinero de dudosa procedencia pingües sobresueldos a sus principales dirigentes. Es decir que, de un lado,

el PP se habría financiado ilegalmente a cambio de la concesión de “favores”; y, de otro, sus máximos responsables se habrían enriquecido de una manera ilícita a costa de los ciudadanos.

Desde un punto de vista ético, estos comportamientos son repugnantes, pero además demuestran una insensibilidad absoluta, un desprecio hacia el resto de la sociedad que resulta insoportable, más, si cabe, con seis millones de parados.

La reacción del PP ante estas gravísimas acusaciones degrada la democracia.

Este partido disfruta de una holgada mayoría absoluta en el Congreso, gobierna en muchas Comunidades Autónomas y en miles de Ayuntamientos; es hoy una pieza clave de nuestro sistema democrático. La ciudadanía está indefensa, porque esta degradación del PP produce un daño terrible a las instituciones de un Estado social y democrático de derecho y a la confianza que la sociedad tiene en ellas.

Apelar a la responsabilidad de quienes durante largos años se han comportado de forma presuntamente delictiva es ingenuo.

Debemos exigir a su máximo responsable, hoy Presidente del Gobierno, una explicación inmediata y contundente, porque en este caso quien calla otorga.

Pero, además, esa explicación tiene que ser clara y convincente para una ciudadanía cada vez más exigente. Si no es capaz de hacerlo, debe dimitir y convocar elecciones anticipadas.

Un país democrático no puede estar gobernado por un partido corrupto, ni por un Presidente que se esconde mientras los ciudadanos a los que dice gobernar se abrasan en la primera fila de la crisis y la desesperanza, a la que él mismo y su equipo les han arrojado con su incompetencia y sus medidas antisociales. Es indigno e inaceptable. Una línea roja intraspasable:

Tolerancia cero con la corrupción.

Líneas Rojas.

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