Las claves de una larga noche electoral: Ohio, Iowa y Colorado

Pese al vuelco en los sondeos provocado por la decepcionante actuación del Presidente Obama en el primer debate electoral celebrado el 3 de octubre, los Estados en los que se decide el resultado de las elecciones norteamericanas siguen siendo los mismos seis que hace quince días o un mes. Como es sabido, las características del sistema electoral mayoritario en la elección presidencial en EE.UU. permite a estas alturas pronosticar con un altísimo grado de fiabilidad el resultado de la votación en la inmensa mayoría de los cincuenta Estados que integran aquel país. Así, puede afirmarse con rotundidad que el próximo 6 de noviembre Obama tiene garantizados 237 votos electorales, entre los cuales se incluyen los correspondientes a Pennsylvania (20 votos electorales) y Michigan (16) por mucho que la holgada diferencia con la que contaba el candidato demócrata en estos dos Estados se haya estrechado en las últimas dos semanas. Pero además cabe sostener que, (casi) con toda seguridad, otros tres Estados se decantarán también del lado demócrata: Wisconsin (10), Nevada (6) y New Hampshire (4). En total, el actual Presidente sumaría 257 votos frente a los 191 que, por su parte, Romney parece tener plenamente asegurados. Así pues, Obama se encontraría a una distancia de apenas 13 votos de los 270 necesarios para lograr la reelección. Tan cerca… pero tan lejos…

Las elecciones se juegan, por tanto, en seis Estados que tienen como punto en común que se decantaron del lado demócrata en 2008, y que lo hicieron con cierta claridad en todos los casos, salvo Carolina del Norte. También comparten –con la misma excepción– que en ellos Obama se había mantenido por delante en las encuestas a lo largo del mes de septiembre. Lo cierto es que ahora el resultado está en el aire, con la particularidad de que una suave brisa parecía soplar – al menos hasta el segundo debate el pasado día 16– a favor del ticket Romney-Ryan. ¿Hacia qué lado se inclinarán finalmente estos swing States?

Aunque la celebración de la Convención demócrata tuvo lugar en North Carolina (15), la ajustadísima victoria de Obama en 2008 parece irrepetible en este Estado como parecen ir confirmando los sondeos a medida que se aproxima la cita electoral. Con algún matiz, también da la impresión de que Florida (29) se inclina del lado republicano de forma cada vez más nítida, tal como sucedió en la campaña de 2004 con G.W. Bush. Más incierta es la victoria de Romney en Virginia (13) a la vista de la situación de empate técnico inamovible desde hace semanas; ahora bien, no debe olvidarse que se trata de un bastión republicano en el que, a pesar de la importancia de la población afroamericana, ningún demócrata había ganado hasta 2008 desde Johnson. En definitiva, es razonable pensar que Romney puede vencer en estos tres Estados, lo que le permitiría sumar 248 votos electorales. Por tanto, toda la atención –la clave de la previsiblemente larga noche electoral– debe dirigirse hacia Ohio (18), Colorado (9) y Iowa (6).

La aritmética exige a Romney ganar en Ohio en todo caso y además hacerlo en alguno de los otros dos Estados. En cambio, Obama cuenta con dos posibilidades para asegurarse la victoria: le basta con vencer en Ohio o, como alternativa, triunfar en Colorado y Iowa. Lo más probable es que lo haga en los tres.

En Ohio, los casi cinco puntos de ventaja que obtuvo Obama en 2008, unido a unos sondeos que de manera constante le otorgan ventaja, parecen compensar la recuperación de Romney en los últimos días. Aunque no debería perderse de vista que este swing State fue conquistado por G.W. Bush en 2000 y 2004, lo previsible es que esta vez se decante del lado demócrata.

Iowa es, desde hace veinticinco años, un feudo demócrata. Desde la victoria de Dukakis en 1988 sólo G.W. Bush fue capaz de romper esa hegemonía en 2004, y por un estrechísimo margen. Si a esto añadimos que Romney ni siquiera fue capaz de ganar las primarias republicanas y que Obama se impuso por casi diez puntos en las elecciones de 2008, lo más probable es que la ligera ventaja que este último ha mantenido a lo largo de la campaña electoral se traduzca en una victoria demócrata.

Finalmente, la historia dice que hay una mayor tradición republicana en Colorado: aunque Clinton la rompió en 1992, perdió frente a Dole cuatro años más tarde allanado el camino para que el pequeño de los Bush ganara con facilidad en 2000 y 2004. A favor de Obama juega su contundente victoria en las pasadas elecciones, la limitada popularidad de Romney –también aquí perdió las primarias republicanas– y una ligera pero constante ventaja en los sondeos. Es cierto que esa ventaja se esfumó hace dos semanas, pero es muy probable que el impulso que Obama parece haber ganado gracias a la actuación de Biden y a la suya propia en el segundo debate le permitan ser reelegido como Presidente de EE.UU.

Borja Suárez Corujo
Profesor de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Miembro de www.lineasrojas.org

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