Un curso político “bajo mínimos”

Como en otros años, por estas fechas -antesala de las vacaciones de verano- el curso político toca a su fin. Y en esta ocasión dejamos atrás un semestre que ha coincidido con los primeros seis meses de gobierno del PP.

El pasado 20 de noviembre, los populares ganaron las elecciones generales con la promesa de un presente y un futuro mejor para una España acosada por la crisis. La recuperación de la confianza, el crecimiento económico y el fortalecimiento institucional y democrático eran las claves del “cambio” que ofrecieron los populares a la ciudadanía. Pero seis meses después de la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del gobierno, ese cambio parece haberse materializado en una realidad muy diferente:

  • Pese a la insistencia en el mensaje “sabemos lo que hay que hacer y lo haremos”, el gobierno de Rajoy no ha generado confianza económica ni política y se ha visto obligado a pedir un rescate financiero ala Unión Europea.El pesimismo económico de los ciudadanos ha aumentado.
  • La “agenda reformista” de Rajoy ha supuesto un ataque a los pilares esenciales del Estado de bienestar. La sanidad y la educación públicas han sido seriamente dañadas. Los Presupuestos del Estado para 2012 son fiel reflejo de esta estrategia antisocial. En materia de gasto, una sola ha sido la obsesión del PP: recortar. Ajuste o austeridad, lo llaman. Pero, en realidad, sólo han sido recortes; recortes en:
    • Políticas sociales básicas: un 16% menos para servicios sociales, un 7% menos para sanidad y un 22% menos en educación (a lo que se añade el recorte adicional de 10.000 millones en estas dos últimas políticas).
    • Empleo: un 5% menos para pagar las prestaciones por desempleo y un 21% menos (¡un tajo de 1.500 millones!) para políticas activas, las que ayudan a encontrar empleo: formación y capacitación, orientación e impulso a la búsqueda, ayudas a la contratación, etcétera.
    • Recortes que impiden cambiar de modelo productivo: reducen una tercera parte el gasto en industria y energía, una cuarta parte el destinado a I+D+i, y un 22% el de infraestructuras así como el dedicado a comercio, turismo y pymes.
    • Esos recortes se han combinado con la política del PP de recaudar “sea como sea”. Subidas de impuestos para obtener 12.300 millones. El problema no es que se eleve la presión fiscal (es necesario, pues nuestro país tiene un déficit de 7 puntos del PIB en esta materia respecto de la media europea), sino que se hace con parches puntuales -que no responden a una estrategia clara de reforma fiscal- y, sobre todo, sin atención a la equidad, a la justicia tributaria, lo que empeora el reparto de esfuerzos. A los pocos días de rechazar (como propuso el PSOE en el Parlamento) la creación de un Impuesto para las grandes fortunas, el gobierno de Rajoy aprobó una amnistía fiscal para los defraudadores, que podrán declarar lo ocultado hasta ahora a cambio de un ridículo pago del 10%. En definitiva, más impuestos, pero no para los que más tienen, y con un vergonzante perdón para los que no cumplen sus obligaciones.
  • La promesa de la creación de miles de puestos de trabajo se ha traducido en una reforma laboral que únicamente ha servido para minar los derechos laborales. Lejos de promover la estabilidad en el empleo, la reforma agrava la precariedad de los trabajadores a través de medidas como el nuevo contrato de apoyo a los “emprendedores” -que incluye un período de prueba de un año durante el cual el empresario puede rescindir el contrato con total libertad y a coste cero- o como la nueva regulación pro-empresarial del contrato a tiempo parcial, que ahora incorpora horas extraordinarias. Se agrava la vulnerabilidad de los trabajadores frente al despido, produciéndose una drástica reducción de la indemnización por despidos injustificados y una definición extraordinariamente laxa de las causas empresariales que legitiman un despido.
  • El Presidente que le iba a decir la “verdad” a los españoles, ha hecho gala de su menosprecio democrático: al eludir su responsabilidad de rendir cuentas a los ciudadanos (más allá de sus obligadas comparecencias en el Congreso de los Diputados) y de ocultar -con eufemismos- sus impopulares y dañinas políticas. El intento de volver a hacer de RTVE un arma de comunicación y manipulación a favor del gobierno de turno es la más clara expresión de su falta de respeto por los valores democráticos.

En suma, en estos seis meses, el gobierno de Rajoy ha impuesto a los ciudadanos un esfuerzo que, además de inútil económicamente, les resulta personal y socialmente perjudicial. Algo que se agrava con el rescate financiero (¡llamemos a las cosas por su nombre!): una inyección externa de 100.000 millones para tapar el agujero que han creado los bancos y, que en las próximas semanas, derivará, como ya está dejando entrever el gobierno de Rajoy, en nuevos sacrificios sociales.

No es de extrañar, así, que en el actual contexto, y frente al futuro prometedor que anunciaban los dirigentes del PP antes de ganar las elecciones, reine el desánimo social. Las encuestas reflejan una gran decepción y hasta una sensación de desamparo entre la ciudadanía. De la desconfianza en la clase política se ha pasado a la desconfianza en las instituciones, lo que supone un menoscabo para la legitimidad y funcionamiento del sistema democrático.

En sólo seis meses, el gobierno de Rajoy ha dilapidado una buena parte de su capital político (y no sólo entre la ciudadanía, sino también entre los mercados y las autoridades europeas). La mayoría de los sondeos (difundidos por los medios de comunicación) apuntan a un acusado desgaste electoral del PP. Si hoy se celebraran las elecciones generales, los populares perderían la mayoría absoluta con la que cómodamente gobiernan ahora. Un desgaste del que, sin embargo, no parece beneficiarse el principal partido de la oposición. Y es que los socialistas continúan estancados en sus expectativas de voto, mientras otros partidos minoritarios (como IU y UPyD) cotizan al alza.

De este modo, podríamos concluir que el curso político que estamos a punto de dejar atrás ha sido el de estar “bajo mínimos”: principalmente para los ciudadanos que han visto reducido su nivel de vida y empeoradas sus perspectivas de futuro con drásticos recortes sociales. Pero también para un partido (PP) que llegó al gobierno pisando fuerte y que al poco tiempo se ha visto desbordado. Y también bajo mínimos para otro partido (PSOE) que después de estar seis meses en la oposición sigue sin encontrar su sitio, ni recuperar la confianza del electorado que le dio la espalda en las pasadas elecciones generales.  Veremos si en septiembre, con la reanudación del curso político, estas tendencias se acentúan o, por el contrario, se atenúan o estabilizan.

Un pensamiento en “Un curso político “bajo mínimos”

  1. Sobran comentarios sobre la clase política de este País, delos que gobiernan y que nos gobernaran.
    1º. Los políticos en la actualidad no tienen catadura moral están ahí porque no sirven para otra cosa, y ademas con sueldos y prebendas que ninguno ciudadano tiene. Los de la “Gaviota” ademas son corruptos ano mas poder.
    2º Los Socialistas,son unos alumnos aventajados de estos, como decía un facha en un comedor, a su interlocutor ! estos rojillos se quieren parecer a nosotros pero les falta sus bases ¡ Nosotros tenemos n,º de carnet de militantes,que no pagan pero a nosotros nos sirven para justificar gastos que conseguimos a base de comisiones,que enmascaramos,en las cuentas.
    3º Para que este país funcione hay que jubilar, a toda esta clase que esta en política como carrera,mas de una legislatura crea contactos para delinquir,y convertirse en corrupto, y la Justicia tiene que empezar a mandar a la cárcel a los empresarios que dan mordidas, a cambio de concepciones. en España hay varios que lo están haciendo y casi todos estos son presidentes de club de fútbol que no pagan los impuestos al día, y esto no lo investiga nadie Ni en el “Gato al Agua” que saben de todos los chanchullos de la oposición,desde la república.

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