Atención a la otra Prima de Riesgo

Con la crisis, y como si de una visita incómoda se tratara, la prima de riesgo se ha colado por la puerta de nuestra “casa” para, después, instalarse en nuestro “sofá” y marcar la cotidianeidad de nuestras vidas. Casi de forma compulsiva, el gobierno, los medios de comunicación y, por ende, los ciudadanos vivimos pendientes del diferencial de los tipos de interés de nuestra deuda pública respecto a la deuda pública alemana. Y (ya) nos hemos acostumbrado a superar la barrera de los 500 puntos que sitúan a España en la zona crítica de una posible intervención.

Pero mientras la atención se dirige casi diaria y exclusivamente a seguir la evolución de la prima de riesgo económica, se desatiende la otra prima de riesgo: la social. Una acepción que podríamos definir como el “sobre-coste” que un país ha de “soportar” en términos de convivencia por el deterioro de la situación social. A diferencia de la económica, la prima de riesgo social no es fácil de cuantificar y no conduce a una posible intervención del país, sino a una explosión social.

Hay, al menos, tres indicadores que sitúan nuestra actual prima de riesgo social en una zona (imaginaria) tan crítica como en la que se halla la prima de riesgo económica: 

  • Devaluación social: La recesión y, sobre todo, la política de “austeridad extrema” llevada a cabo por las autoridades europeas se está traduciendo en España -al igual que en otros países de nuestro entorno- en una intensa y acelerada devaluación social. Desde que comenzó la crisis, se han destruido en nuestro país más de tres millones de empleos y más de 350.000 familias han perdido sus casas por no poder afrontar el pago de la hipoteca. Los datos de la última Encuesta de Población Activa, correspondiente al primer trimestre de 2012, reflejan que en España hay más de 5.600.000 personas desempleadas. Cerca de 1.800.000 hogares tienen a todos sus miembros en paro. El 26,1% de las familias tenían en 2011 -siguiendo la encuesta de condiciones de vida que elabora el Instituto Nacional de Estadística- problemas para llegar a fin de mes. Y casi un 36% de los hogares reconocían no tener capacidad para hacer frente a gastos imprevistos. El 21,8% de la población residente en España estaba en 2011 por debajo del umbral de la pobreza (para un hogar de un adulto ese umbral era de 7.533 euros anuales).  Por ahora, el colchón familiar, la economía sumergida y el éxodo a otros países en busca de un presente mejor han servido para paliar los efectos de esa devaluación social. Pero, sin un horizonte de recuperación económica a la vista, cabe plantearse hasta cuando seguirán resistiendo esos diques de contención. 
  • Desconfianza política: La desconfianza de la ciudadanía en las élites políticas se ha cronificado. Desde julio de 2008, de acuerdo con la serie de datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), ningún líder político consigue el aprobado de los ciudadanos. Y desde hace también cuatro años, más de de la mitad de los electores tiene poca o ninguna confianza en el Presidente del gobierno y en el principal líder de la oposición. Las últimas elecciones generales no han supuesto ningún soplo de aire fresco: según el barómetro de abril del CIS, más del 70% de los ciudadanos desconfía de Rajoy como Presidente del Gobierno y de Rubalcaba como líder de la oposición.
  • Déficit institucional: La desconfianza ha llegado a las instituciones. Desde el inicio de la crisis, la imagen que tienen los ciudadanos del conjunto de las instituciones del Estado ha empeorado. Ni siquierala Monarquía -y antes de que estallara de pleno el caso Urdangarín y se produjera la polémica sobre el viaje del rey a Botswana- ha quedado al margen de esa tendencia negativa. La democracia en su conjunto también se ha visto resentida. Si en noviembre de 2006 el porcentaje de ciudadanos que se mostraban muy o bastante satisfechos con el funcionamiento (resultados) de la democracia era del 57%, frente a un 39,7% que estaba insatisfecho, en noviembre de 2010 los que se mostraban insatisfechos llegaban al 47,1% y los que se sentían satisfechos descendían al 50,7%.

De este modo, el empobrecimiento de una gran parte de la sociedad, junto al elevado malestar político, puede conducir a que la prima de riesgo social acabe por traspasar la zona crítica y quede fuera de control. En un momento en el que existe una percepción generalizada de injusticia (por un reparto de los costes de la crisis que no se considera equitativo)  y está en cuestión la misma idea de progreso social, cualquier episodio (Bankia; los viajes del Presidente del Consejo General de Poder Judicial; etcétera) puede acabar sirviendo de chispa incendiaria. Un incendio social que podría traducirse de muchas formas, por ejemplo, en insumisión fiscal y jurídica.

Cabría esperar que las actuales clases dirigentes (de España y Europa)  siguieran con mayor atención la evolución de la prima de riesgo social. Salvando todas las distancias, no hay que olvidar que la llamada “primavera árabe” comenzó por la decisión de un joven tunecino de inmolarse como forma de protesta por la confiscación, por parte de las  autoridades de su país, del puesto ambulante con el que se ganaba la vida. La ira colectiva desatada por ese acto individual reflejó la ruptura previa del contrato social.

Y precisamente en Europa es el contrato social lo que se está quebrando para una inmensa mayoría de los ciudadanos; para aquéllos que se consideran perdedores del sistema y se ven abocados a un horizonte sin esperanza de ascenso social.

Marta Romero

4 pensamientos en “Atención a la otra Prima de Riesgo

  1. Entre las Prima y los Mercados, no estaremos haciendo el Primo?
    Esta bien que se reflexione y nos hagamos conscientes de este gran chantaje que se está produciendo.

  2. Hace un año nos salió a todos una prima que no conocíamos y de la que ni siquiera habíamos oído hablar antes: La Prima de Riesgo. Les ha bastado un año para convertirnosla en la inquilina permanente de cada casa y de cada cerebro. Para echarla, a ser posible por la ventana, no hay otra solusión que la de que estalle esa otra prima de la que habitualmente no se habla y a la que tú, acertadamente, haces referencia y das detalles- la prima de riesgo social-. Cuando el Poder solo teme a la calle -a sus ciudadanos- es señal de que el Poder está muy distante de los intereses y necesidades de esos ciudadanos

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