Réquiem por el empresariado español

En el debate sobre la crisis llama la atención el escaso interés por el comportamiento estratégico y productivo de los empresarios españoles – del comportamiento político hablaremos en otro momento-. ¿Cómo son nuestr@s empresari@s? ¿Se parecen al “emprendedor innovador” que Schumpeter imaginaba? ¿Son el verdadero pilar del “proceso de destrucción creativa” que hace a las economías más competitivas y a las sociedades más prósperas?

Bastaría con señalar al ex presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, y atribuir sus despropósitos al resto de empresarios.  Es lo que hace y dice la prensa conservadora de los delegados sindicales a diario. Pero sería demasiado fácil, demagógico e injusto.  Mejor recurrir a otro tipo de análisis para valorar las virtudes y carencias de nuestros emprendedores.

Según Eurostat, en el periodo 2004-2010 España hizo importantes esfuerzos para mejorar su innovación, aumentando el gasto en I+D+i desde el 0,9 al 1,39% del PIB. Era un esfuerzo que nos acercaba a la media de gasto en la UE-15 (1,92%), aunque seguíamos por debajo de las grandes potencias innovadoras (países escandinavos y Alemania), de algunos países de nuestro entorno (Portugal e Irlanda) y de las nuevas potencias emergentes, principalmente China. (Link)

Lo que llama la atención es la composición de ese gasto. Mientras que la participación pública aumentó (del 43% al 47,3%) la privada disminuyó (del 46,3 al 43,4%) en ese periodo. Esto es una particularidad “made in Spain”, ya que en la EU-27 la participación privada en innovación es mayor que la pública (54,1 % – 34,9) y mayor aún en los países mas innovadores (por encima del 60%). Según el propio informe, lo que explica la importancia relativa que cada economía otorga a la investigación está muy relacionado con los niveles de gasto privado en I+D+i. (Link)

Además, el esfuerzo por parte de organismos públicos para mejorar la cantidad y la calidad de la producción científica no ha sido absorbido por el sector privado. Falla el eslabón entre investigación y empresa. Aunque es verdad que las universidades españolas necesitan remontar muchos puestos en los rankings de excelencia académica, se ha hecho un gran esfuerzo investigador. Hemos alcanzado la media europea en números de investigadores (7 por cada mil habitantes) y ocupamos el noveno puesto en lo que a producción científica se refiere. Entre 1996 y 2010 los investigadores españoles publicaron 583.554 artículos científicos que han sido citados 6.573.013 veces, unas 13 citas por artículo, una cifra muy similar a la de otros países con mayor producción científica, lo que pone de manifiesto la calidad de los trabajos. (Link)

Pero parece que este esfuerzo en innovación científica no encuentra el acomodo suficiente en las estrategias empresariales. Si las patentes son un indicador, entre otros muchos, del tránsito innovador entre investigación y empresa, los datos no son muy alentadores. En el año 2009 se registraron en España 226 patentes frente a las 718 de Italia, 1618 del Reino Unido, 2456 de Francia ó 5764 de Alemania. (Link)

La mayoría de nuestras empresas son pymes en sectores de valor medio-bajo. No hay evidencias suficientes para afirmar que una pyme genere menos innovación que una gran empresa. Sin embargo, las empresas líderes en I+D+i suelen ser grandes corporaciones con mayor capacidad para dedicar recursos a su propia investigación o para financiar otros centros especializados. En ese sentido, nuestras grandes empresas no salen muy bien paradas. Telefónica, empresa líder en innovación privada en España, invirtió el 1% de su cifra de negocios en I+D+i, cuando empresas muy similares como France Telecom gasta el 2,3% o British Telecom el 5,5%.

En lo que a organización y capital humano se refiere, las cosas no son muy esperanzadoras, como señalan algunos informes [1]. Las empresas españolas muestran una excesiva jerarquización, les falta flexibilidad interna y les sobra externa por su preferencia por el despido fácil. Además, les sobra conflictividad y estamos aún muy lejos de utilizar las potencialidades de los programas de formación continua en la propia empresa.

Ante este panorama, el gobierno actual ha decidido reducir el gasto en I+D+i un 25%, unos 2200 millones, subir las tasas universitarias y recortar becas. Un panorama desolador, que nos aleja aún más de la estrategia de Competitividad Europea (La Estrategia Europa-2020) y nos sitúa en ese espacio nebuloso desde el que será difícil afrontar con éxito la salida de la crisis y los retos de la Globalización.

Otra vez la ciencia se nos atraganta, y la responsabilidad empresarial es muy alta. No es la primera vez. Llevamos un siglo con la cantinela de la regeneración pero parece que, al primer contratiempo, el valor de la innovación se desvanece. Los finlandeses pasaron de producir pasta de papel a producir Nokia en una década. Hubo un consenso entre fuerzas politicas y sociales para que la innovación pavimentase el nuevo proceso productivo. ¿Será posible un consenso similar en España?  ¿Qué papel jugarán los empresarios?



Notas a pie    (↵ vuelve al texto)
  1.  Huerta Arribas, E. & García Olaverri (2008) ‘La frontera de la innovación: la hora de la empresa española’. Documento de Trabajo 139, Madrid: Laboratorio de Alternativas

4 pensamientos en “Réquiem por el empresariado español

  1. Mi pregunta es si en España hemos tenido alguna vez empresarios. Ciertamente, hay lagunas excepciones, no siempre se trata de los más famosos. En general, tenemos buscadores de pelotazo. De acuerdo, por lo demás, con Javier Ramos.

  2. Hola,

    Lo que está claro es que el tan comentado “cambio de modelo productivo” es imposible con estas condiciones.

    Felicidades por el artículo, es muy revelador.

  3. La mayor parte de riqueza de un país es su potencial humano. España posee estos recursos, pero para ser apreciados y ayudados tienen que ir al extranjero. Aunque últimamente hemos visto hemos visto pioneros de innovación, en particular en el sector de la medicina. Las politicas que actualmente se applican, basadas únicamente en cifras, son perjudiciales y destructoras para el desarrollo del potencial humano. Hoy los que imponen auteridad y recortes par mayoria o decretos, son los mismos que cerraban los ojos cuando los suyos eran acusados de malversaciones y despilfarro, justificando siempre la presunción de inocencia. Ahora, queriendose presentarse ante la Unión Europea como los mejores alumnos de las recomendaciones, no dudan de sacrificar al pueblo para amortizar una deuda de la que ellos mismos alentaron.
    La principal política económica que se creo en esta país, sin distinción de colores, fue la del ladrillo. En ella, la mayor parte de políticos se lanzaron a ciegas, sin querer escuchar las amenazas anunciadas de tal sistema. Al fin llegó la burbuja inmobiliaría, arrastrando con ella millones de parados. Esta es la crisis española, de la que nunca se encontraran responsables, pués de manera general, todo el mundo se aprovechó de una forma u otra. El dinero corría facilement de un bolsillo al otro, con él se pudo crear dinero negro, fraude fiscal y corrupción para los más espabilados.
    Hoy conocemos que la participación del estado para la mejora de la innovación ha aumentado los últimos años al mismo teimpo que la participación privada a disminuido. Por un lado es lógico que en la situación que atravesamos, el capital privado no quiera correr riesgos. Por otro lado está la falta de estructuras eficaces parsa coordinar investigación y empresa, y, el nivel académico universitario insuficiente. A eso hay que añadir que el esfuerzo y el interés por algunas de las grandes empresas privadas por la investigación, se limitan al momento presente y a la obtención de beneficios a mejor coste, sin preocuparse del futuro. También es cierto que la estructuras internas de funcionamiento de estas entidades, son disuasivas de todo aquello que no pueda venir de la autoridad vigente

  4. Muy interesante artículo. Muy buenos datos, clarificadores. 3 matices relevantes:

    Realmente el empresario schumpeteriano es el modelo a seguir, realmente la destrucción creadora es el modus operandi que debemos anhelar. Si hiciéramos bien esos deberes y tuviéramos una clase empresarial como recomienda Javier Ramos, la lógica del capital seguiría vigente y nada asegura su redistribución.

    La calidad académica ya la medimos cuantitativamente. Es una opción pero la comunidad académica (global) va hacia el productivismo más burdo.

    Nuestros empresarios (CEOE) son de una talla empresarial diminuta, y tus datos lo corroboran, además ahora la cosa pública certifica la defunción de cualquier innovación.
    Que inventen ellos, nosotros tenemos los Toros, la Paella y a Julio Iglesias.

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