¿A quién representa la política exterior española?

Muchas cosas se han dicho en el encendido debate sobre la expropiación de Repsol por parte de Argentina, y por ello no hace falta detenerse en lo que es evidente: la acción del gobierno argentino es una flagrante violación a los convenios establecidos, lo ha hecho con unas formas del todo reprochables y deja un amargo regusto populista. Aunque reconozcamos la innegable soberanía que los pueblos deben tener sobre sus recursos naturales, los argentinos tienen muchas preguntas por hacer a su mandataria sobre el manejo que se le ha dado y se le dará a la política energética del país.

Más allá de lo evidente, centrándonos en lo que nos atañe como españoles, la airada reacción gubernamental española nos deja dos preguntas, ¿a dónde va la política exterior española? Y ¿cuáles son los intereses que defiende?

Mucho me temo que el gobierno no tiene respuesta a la primera pregunta y la segunda no es precisamente una respuesta de mayorías. Los anuncios vacilantes del gobierno sobre las negociaciones previas a la expropiación, su incapacidad para prever lo que parecía anunciado, su falta de un plan de acción y su retórica patriotera son muestras sintomáticas de una política exterior difusa y especialmente desconectada de la realidad internacional.

El Ministro de Exteriores ha salido en busca de escuderos internacionales que le respalden en lo que se ha determinado como una cruzada para salvar el honor de España, pero ha sumado más bien poco. Por un lado, la fría declaración estadounidense, que comparte el reclamo, también tiene abiertos procesos contenciosos contra Argentina. Pero no levanta la voz, ni aclara que medidas concretas va a tomar para apoyar a España.

La Unión Europea, por su parte, considera hecho su trabajo cancelando una reunión con Argentina y con sendas declaraciones en las que ha dejado entrever que percibe el problema como bilateral (ante una difícil definición de hasta dónde llega la política exterior europea en el tema de las inversiones de sus miembros). Se acudió entonces a algunos miembros de la UE, nadie va a contradecir la causa española, pero tampoco se comprometen en medidas contra Argentina.

En América Latina las reacciones, más allá de las previsibles, brillan por su ausencia, ni a favor ni en contra. El presidente del Gobierno de gira por México y Colombia consiguió alguna palmada en la espalda, más ruidosa por parte de México (también damnificado por la expropiación) y prudente por parte de Colombia.

Hoy en día la política internacional se juega en la liga de los recursos naturales, en la que España es débil, porque no tiene recursos estratégicos y especialmente porque compite con enemigos feroces en la inversión extranjera en estas áreas. Lejos están esos años 80 y 90 en los que una América Latina bajo el hechizo del consenso de Washington privatizaba y las multinacionales españolas entraban como elefante en cacharrería. Ahora compite con paquidermos más poderosos. En un juego en el que cada uno defiende sus intereses, España se queda sola, y probablemente lo estará más cuando las provincias argentinas abran las licitaciones para la explotación de los campos ahora nacionalizados.

¿De qué sirven los tambores de guerra llamando al boicot de los productos argentinos cuando es España la que tiene más intereses en Argentina? ¿A dónde vamos con esta idea de que los intereses de Repsol son los de España?

Y aquí es donde nos acercamos a nuestra segunda cuestión fundamental: cuáles son los intereses que defiende la política exterior española. Evidentemente las empresas son parte fundamental de la economía (sobre todo esas que declaran en España sus beneficios). El gobierno debe defenderlas y garantizar que se actúa dentro del marco internacional para la protección de las inversiones. Pero las empresas, por muy Repsol que sean, no son “España”.

Mas allá de las claras repercusiones en el mercado de acciones y en los accionistas (el 51% de los de Repsol son extranjeros), la expropiación afecta a los ciudadanos en la medida en que su repercusión en la bolsa y en la inseguridad de las empresas españolas se traslade en forma de mayores dificultades para salvar la crisis económica. Pero a los ciudadanos les afecta mucho más la especulación financiera, los recortes en el estado del bienestar y la falta de inversión para el crecimiento económico impuesta por la infinita propensión al recorte impuesta por Bruselas. Y no hay tambores de guerra ni airadas muestras de patriotismo para defender a los parados, de los que tanto se habla, cuando se nos imponen medidas que van claramente en contra del crecimiento de la economía y la generación de empleo. Cabeza baja, tijera en mano, Rajoy vuelve a su tarea.

Tal como señalaba, no es una respuesta de mayorías, los intereses que se protegen son los de las empresas. No importa si sus prácticas son predatorias, tampoco se les exige responsabilidad social empresarial, ni se examinan los derechos de los consumidores. De pueblos originarios y de sostenibilidad ni hablemos. ¿Estamos seguros que esas empresas pagan los impuestos que les corresponden y que las retribuciones de sus directivos son justas? Si la afrenta es contra España, ¿no debería entonces España responder por todas las cuentas pendientes de sus empresas extractivas en materia de derechos humanos, ambientales y sociales?

Y este es el último punto de mi argumento. Hasta hace muy poco, España se había abierto lugar en el sistema internacional más allá de la guerra por los recursos, a través de una política internacional ética. Con sus más y sus menos, España consiguió reconocimiento y sitio (especialmente en el G20) con una alianza de civilizaciones, como líder del encausamiento de históricas violaciones de derechos humanos (sí, hablo de Garzón) y como un país comprometido con una política internacional para el desarrollo, y liderando propuestas para la gobernanza global en el G20. Sabemos bien que no fue perfecta, se podría haber hecho más por presionar a las empresas españolas en el extranjero para ser modelos de transparencia y responsabilidad. También sabemos que la crisis no ha dado respiro, pero había una idea de cómo quería presentarse ante el sistema internacional y se daban los primeros pasos.

¿Dónde quedó esa España? Porque esos eran los intereses que sí me representan, ésa es la lucha internacional en la que queremos dar la batalla. La de Repsol se resolverá en los tribunales, la de la ética, la del desarrollo sostenible y equitativo, ésa es la batalla en la que los gobiernos tienen que representar a sus ciudadanos. Ésa es la batalla por la que vale la pena luchar, las otras solo sirven como cortina de humo para encubrir el desmonte del estado social.

Erika M. Rodríguez Pinzón

3 pensamientos en “¿A quién representa la política exterior española?

  1. El mundo está en perpetua evolición, paises situados fuera del area de producci’on industrial, tienen hoy un crecimineto superior a los paises, clasicamente llamados avanzados en tecnología y en industria. En una época, los paises menos desarrollados veían positivamente que multinacionales se instalaran en sus tierras con la esperanza que crearían puestos de trabajo y riqueza para el país. Hoy, estos paises se despiertan al constatar que la riqueza sólo la obtienen las multinaciones y que ellos sólo reciben, por decirlo así “propinas y promesas. Se dan cuenta que las leyes internacionales están fundadas en una ética comercial al servicio del capital de los más poderosos y que los autenticos propietarios de la riqueza, los paises que producen las materias primas, pero explotadas por otros, viven bajo su opresión. Ahora escuchamos formulas patrioticas y del honor, decimos que esd populismo querer recuperar lo que en un tiempo de dió y se firmo en un documento de ley internacional.Pero todo este ruido, oculta que verdadero problema, que no es de orden patriótico, sino de justicia social. No tardaran también en despertarse numeros paises del continente africano, donde la explotación de sus riquezas, están, por la mayor parte en manos de poderosas multinacionales que con un bajo coste de esta explotación obtienen beneficios incalculables. Cuando estos pueblos salgan de la ignorancia y de la incultura, no serán las leyes internacionacionales y protectoras de empresas, las que serviran para impedir la recuperación de la riqueza patrimonial que cada nación.

  2. Mientras no exista un acuerdo entre pp y psoe sobre nuestra política exterior y, cuales son los interes nacionales seguiremos donde siempre, cuando llega el pp su política y cuando llega en psoe la suya. Así como en tantas otras materias no vamos a ningun sitio. Bueno si al de siempre y tu mas.Educacion, Defensa, Política exterior grandes temas de grandes consensos para grandes políticos.

  3. buena reflexión. por supuesto que los países tienen derecho a su soberanía económica, al uso de sus recursos naturales, es un derecho internacional. otra cosa es que la argentina lo haga expropiando sólo a repsol y no a panam o total, que también están allí. ¿sabemos si repsol invirtió realmente lo convenido? esa es la duda que ofrece el segundo gran argumento de la presidenta kirchner.
    por otra parte, me sorprende que un partido que se define como socialdemócrata pueda oponerse, por principio, a las expropiaciones o nacionalizaciones. respetando la seguridad jurídica, por razones justificadas y con una buena gestión, es un medio de soberanía económica y de estatalización de la economía, una idea que la socialdemocracia europea debería plantearse recuperar.

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