Cinegética Real: del problema político al institucional

Una de las debilidades actuales de la democracia en España tiene que ver con el aumento de la desafección de los ciudadanos hacia sus representantes políticos. Ello explica que la clase política y los partidos se hayan convertido para la opinión pública en el tercer problema del país, tras el paro y la economía. Esto no significa que la supervivencia de la democracia esté en juego, pues la gran mayoría de la opinión pública sigue pensando que es la mejor forma de gobierno. Sin embargo, que los ciudadanos crean que los políticos no tienen en cuenta sus intereses cuando les gobiernan, contribuye a erosionar el funcionamiento de la democracia.

En este contexto, le correspondería a la Jefatura del Estado, como segunda pata en la que se sustenta nuestro sistema constitucional, procurar las mejores condiciones para hacer de la institución el contrapunto positivo a la debilidad de las instituciones representativas. Sin embargo, los recientes acontecimientos relacionados con la Casa Real seguramente no contribuyen a mejorar las percepciones de los ciudadanos sobre nuestra democracia parlamentaria, más bien todo lo contrario.

Por un lado, el reciente viaje del rey a Botswana ha creado un problema de naturaleza política, al poner de manifiesto la falta de transparencia de las actividades de la Casa Real para la ciudadanía en general y para el Ejecutivo en particular. Resulta difícil poner en cuestión el derecho del monarca a disponer de su tiempo libre como mejor le plazca. Sin embargo, sí debemos exigirle que su elección sea proporcionada a las condiciones económicas del país; sensible con la situación por la que están pasando una gran mayoría de los ciudadanos españoles y que redunde en la buena imagen de España. Si el Rey no es capaz de percibir por sí mismo la falta de adecuación de sus decisiones a estas condiciones, debe ser el poder parlamentario, a través del Ejecutivo, quien supervise la selección de actividades.

Por otro lado, el viaje del Rey tiene implicaciones para la propia monarquía. Aunque algunos medios de comunicación han intentado proteger la reputación de esta institución del comportamiento individual de los miembros de la familia real, esto resulta más difícil en todo aquello que tenga que ver con la figura del Rey. La monarquía española, a diferencia de otras monarquías europeas, se sustenta principalmente sobre el apoyo ciudadano al Rey Juan Carlos. Dicho de otra manera, el reconocimiento de la institución está vinculado a la reputación del monarca, y no al revés. Por eso, aunque algunos se limitan a circunscribir el error del Rey al ámbito político, sus consecuencias también alcanzan a la institución en sí misma.

En definitiva, el Rey ha sido irresponsable en la gestión de su tiempo libre, mostrando una falta de empatía con la situación socioeconómica en España que solo puede contribuir a alimentar la creciente desafección y el alejamiento de la ciudadana. Su decisión puede acabar erosionando la principal fuente de legitimidad en la que se sustenta la monarquía, que no es otra que él mismo. Algunos ven en esta situación el contexto ideal para la reivindicación de una forma de gobierno republicana. Sin embargo, defender un cambio en el sistema de gobierno utilizando como argumento las crecientes irresponsabilidades de los miembros de la familia real solo puede contribuir a desvirtuar un debate que debería centrarse en la representación política y la participación ciudadana.

Sandra León

2 pensamientos en “Cinegética Real: del problema político al institucional

  1. Es cierto que la caza del Rey a los elefantes, ha producido sorpresa e indignación en la opinión pública, en la situación económica que traversa el país. Dicho sea entre parentesis, que si no se hubiera roto la cadera, solo lo hubiese sabido Rajoy que el rey estaba de caza. Sin embargo, por grave que sea este acontecimiento, mucho más grave es para la democracia la desafección de los ciudadanos hacia su clase política.Pués la caza del rey es un acontecimiento desdichado en el tiempo, mientras que la clase política es el pan de cada día. Son los políticos los que han creado y mantienen el sistema en el que el país funciona, este sistema, por desgracia permite que los pol’iticos una vez elegidos hagan lo que quieran, desde la incoherencia a la corrupción, desde la incompetencia al abuso, desde la mentira al cinismo. No quiere decir con eso que todos son iguales, sólo muy parecidos; en todo caso es el mensaje que el ciudadano percibe a la lectura de la prensa. Es decir que el problema de fondo resta intacto y que los dos partidos principales no hacen nada o muy poco por cambiar el sistema. Esto ha sido claramente denunciado por los “indignados” y otras asociaciones que no son escuchadas o muy poco por los partidos pol’iticos dominantes.

  2. Me resulta un tanto curioso que empieces el artículo hablando de la desafección de la ciudadanía por la clase política y lo unas al comportamiento del rey con su viaje de caza. Es cierto que su comportamiento ha producido una tremenda desilusión, por lo que ha sido una gran falta de sensibilidad hacia la situación gravísima de muchas gentes de lo que siempre han llamado “su pueblo”. Cuando le habíamos escuchado que la situación de los jóvenes le quitaba muchas veces el sueño, nos hemos dado cuenta que nada de lo que nos está pasando afecta a su forma de vida puramente monárquica. Y no es él solo, la reina se reúne con los más ricos del mundo y aún no tenemos noticias de que sirva para algo a la ciudadanía española. Yo creo que la monarquía tiene un plazo de vivencia en la democracia del país, por eso, esta es una gota más en el vaso ya muy lleno de esa pervivencia, que caerá como fruta madura.
    Esto me lleva a desligar el asunto real de la desafección por la clase política, esta nos la hemos ganado a pulso quienes ejercemos la actividad y recuperar la confianza ciudadana requiere que nos planteemos convertirnos en la clase política del siglo XXI. No podemos salir de esta crisis con los mismos modos, por más que aprobemos leyes de transparencias y otras lindezas que sirven de poco. Vamos a tomarnos en serio cambios profundos que generen una nueva clase política porque ¿de qué sirve que la Asamblea de Extremadura publique la declaración de bienes de los diputados si cada uno pone lo que le da la gana -alguno ni siquiera rellena las hojas- sin que nadie los pueda contrastar ni suceda nada por mentir? En la época de los datos informatizados tiene que ser posible publicar los reales. No basta con decir cuáles son los sueldos contemplados en los presupuestos si ya sabemos que esos se acompañan de comisiones y complementos, es necesario publicar las nóminas reales y se acabará con ese populismo barato del “los socialistas se llevan el dinero público”. Tampoco creo que este país pueda soportar el gasto de pagar a los expresidentes durante toda su vida, los del Estado y los de las Comunidades, parece lógico garantizar que ninguno de ellos se vea en situación de necesidad, pero el dinero público tiene que ser incompatible con otros ingresos cualesquiera.
    En fin, el trabajo político tiene que ser una actividad temporal contemplada como tal y no una forma de vida. Los cambios deben ser muchos y de calado, que permitan recuperar la sintonía de la clase política y la ciudadanía, de otra forma nuestra democracia corre el riesgo de cegarse con el espejismo de promesas populistas y peligrosas.

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