Derrotar al Estado de Bienestar

Durante los últimos años, se ha propiciado un discurso sobre el Estado de Bienestar (E.B.) desde los sectores más neoliberales de España y parte de Europa que lo sitúa en el centro de la diana como principal responsable de la crisis que atraviesa nuestro continente y niegan su viabilidad tanto en épocas de crisis como de estancamiento económico.  Este pensamiento se lanza desde todas las plataformas mediáticas de la derecha, llegando a demonizar todo aquello que provenga del Estado sin tener en cuenta las terribles consecuencias que puede tener este planteamiento para las democracias modernas y para sus ciudadanos.

Este discurso va dirigido en dos direcciones, la primera, conseguir que la sociedad deje de entender al Estado, como el instrumento que garantiza  servicios y prestaciones sociales. Y la segunda, que los partidos socialdemócratas dejen de entender el E.B. como esa propuesta política y económica de modelo general del Estado y organización social, que expresa su razón de ser.

Este pensamiento ha provocado, en primer lugar, que los partidos socialdemócratas europeos dejasen de entender el E.B. como un fin en si mismo, aceptando diferentes teorías, como la transformación del E.B. en “Sociedad del Bienestar” (S.B.). Esta nueva adecuación ideológica ha llevado a estos partidos a realizar modificaciones estructurales, bajo el paraguas de la S.B., no entendiendo que toda reducción en este ámbito pone en manos de los mercados bienes y servicios que hoy están al alcance de todos.

Los partidos socialdemócratas deben poder confrontar esta situación de crisis económica con un modelo alternativo al neoliberal y he aquí uno de los problemas básicos de los partidos de izquierdas, cual es que no han tenido un  modelo económico propio que contraponer al neoliberalismo. Esta situación de indefensión ideológica nace en los años noventa con las “Terceras Vías” (Reino Unido) y el “Social Liberalismo” (España), que inicia la desnaturalización del E.B. sin que la socialdemocracia europea sepa  frenar su desmantelamiento.

Todo esto supone la aceptación del capitalismo como única vía de creación de riqueza y nos deja un capitalismo globalizado sin nadie que le ponga freno, y una socialdemocracia con un discurso fragmentado, moviéndose únicamente en ámbitos nacionales lo cual impide tener un discurso global ante una crisis global.

Al comienzo de los años ochenta del pasado siglo se desarrolló algún modelo rigurosamente socialdemócrata que fracasó por boicot financiero interno y externo, viéndose en la necesidad de modificar las políticas para salir adelante.

Ha habido otros intentos de aplicar levemente políticas keynesianas por parte de los gobiernos socialdemócratas europeos pero éstas han sido de una intensidad insuficiente frente a los retrocesos puntuales en materias como derechos de los trabajadores, o la falta de decisión para una política fiscal con capacidad redistributiva.

Durante un tiempo funcionó el discurso del miedo a la derecha, en cuanto a las medidas tan agresivas que podían tomar en el caso de alcanzar los distintos gobiernos; pero la escasa diferenciación con las políticas económicas y sociales que ejecutaban los gobiernos socialdemócratas anularon ese efecto.

La falta de credibilidad de la socialdemocracia proviene de la disociación entre los valores que ha predicado y la política que practica. De este modo ya tenemos a los partidos socialdemócratas desarmados y sin capacidad de hacer frente a las políticas neoliberales.

La izquierda ha perdido hace años la batalla cultural en España ya que valores como la solidaridad o la igualdad han dejado de ser punta de lanza en la construcción del Estado. Ha desaparecido también el valor trabajo, que en su día domesticó al mercado, al otorgar derechos a los trabajadores y protecciones sociales que contrarrestaran el poder del capital. Frente a este escenario se desarrolla en nuestra sociedad una idea bien establecida por los pensadores neoliberales del continente, en el sentido de que los derechos conseguidos por los ciudadanos pueden ser adecuados y gestionados desde los mercados, en función de sus intereses y necesidades. Esto provoca que los ciudadanos, ya despojados de los valores de solidaridad, igualdad y trabajo, vean el E.B. de manera desconfiada, como una maquinaria costosa y la dejen de ver como la única vía de desarrollo posible para una sociedad moderna, pensamiento especial y paradójicamente extendido entre los sectores más desfavorecidos cultural y económicamente.

Conscientes de esta desconfianza los neoliberales se permiten defender que descienda la presión fiscal, para situar en el mercado esos servicios esenciales que hoy proporciona el E.B. (sanidad, educación, pensiones, dependencia…). El Estado que antes era visto como la garantía de nuestros derechos ahora se le ve como un conglomerado de funcionarios burocratizados, que provoca todos los males, y no nos deja despejar la crisis debido a su alto coste y esta hipótesis es sorprendentemente aceptada en buena medida, por los que menos tienen, con la consiguiente repercusión electoral.

Es por ello que la socialdemocracia y todos los partidos de izquierda tienen que adoptar una postura activa en la defensa del E.B. y de los valores que la sustentan. En el caso de no ser así, presenciaremos recortes presupuestarios, recortes de los derechos sociales, recortes de las rentas del trabajo, etc y no habrá fuerza suficiente en la sociedad para frenar su desmantelamiento.

Los recién anunciados Presupuestos Generales del Estado de 2012 (P.G.E.) traen duros recortes en materias básicas para el mantenimiento del E.B. Sanidad 6,8%, Educación 21,9%, I+D+i 25,6%, Medio Ambiente 31,2%, Empleo 21,3%  menos de inversión  en los P.G.E. Estos recortes provocan que la participación de los mercados en los bienes y servicios básicos sea mayor, ya que el Estado deja de poder garantizar todo el espectro de la demanda y este pasa a cubrirlo la oferta privada. Cuyo objetivo principal es conseguir beneficios en sus actuaciones,  no el bienestar de la sociedad.

Debemos afrontar la defensa y promoción del E.B. desde distintos prismas, siendo uno de los principales asegurar el nivel de inversión pública en los presupuestos de los Estados, garantizando así una cartera de servicios básicos. Con esta primera acción se conseguiría evitar que bienes y servicios homologados y concordantes de un E.B. de un país como España caigan en manos de los  especuladores.

Son necesarias políticas fiscales activas que aseguren de una manera real la redistribución de la riqueza en forma equitativa y justa, eviten abusos de poder y cualquier tipo de fraude, recuperando así el componente ético de la fiscalidad que parece haberse perdido.

Por todo ello es necesario, involucrar al ciudadano en el desarrollo del E.B.  y conseguir que este sea visto menos burocratizado y más participativo, acabando así con los cheques en blanco a la hora de gobernar.

Tenemos que recordar a los Estados que el E.B. es una pieza fundamental en la estabilidad política de los países, sitúa a todos los ciudadanos en una igualdad de oportunidades, debilita el poder de la sociedad del mercado y palia las  desigualdades.

Estos cuatro argumentos; nivel de inversión pública, políticas fiscales activas, involucración al ciudadano y consideración del E.B. como pieza fundamental en la estabilidad política, son cuatro referencias que deben agruparse para poder frenar el deterioro y posterior desmontaje del E.B. y evitar que aquello que nos hace iguales y es nuestro se convierta en materia de especulación para obtener notorias plusvalías.

 Pedro Sabando Sequí

3 pensamientos en “Derrotar al Estado de Bienestar

  1. Excelente articulo, cierto que se ha perdido la batalla ideológica de justificación del Estado de Bienestar. La búsqueda de la “competitividad” en materia social, es decir ser el más flexible para poder traer a inversores extranjeros en un mundo cada vez más globalizado, ha justificado estos recortes. Aunque pocos podrán hacer los países europeos ante el “dumping social” de los países asiáticos. En vez de esta dañina “flexiseguridad” (dónde importa más la flexibilidad de los empresarios que la seguridad de los trabajadores) habría que pensar otro modelo.

  2. Estoy de acuerdo en el análisis y me parece acertado el tratamiento que propones. Yo sigo confiando en las personas, así que lo que queda es convencer a los responsables políticos y trabajar en la misma línea.
    No es cosa fácil, este gobierno de impulsos facistoides continúa señalando a los responsables del desaguisado: los que abusan de la sanidad, los que abandonan los estudios, los que utilizan internet, los que se toman un café y leen los periódicos… Aunque cada vez les crean menos, la única oportunidad que, entiendo, tenemos para involucrar a las personas en la defensa del EB es pasando a cosas concretas en cada una de las cuatro cuestiones a aplicar.
    Por ejemplo, la última consejera de sanidad socialista de Extremadura decía en el consejo de gobierno: decidme cuánto tengo que recortar y yo decidiré dónde lo hago sin poner en riesgo el sistema sanitario, y es que es posible hacer algunos recortes pero tendremos que identificar cuáles no se pueden hacer si queremos ser creíbles y no maximalistas.
    Hay otro discurso que este gobierno también graba a fuego en las mentes ciudadanas: no podemos gastar más de lo que ingresamos, y pone de ejemplo a las familias. Todo el mundo que haya pasado apuros sabe que las familias aplican al mismo tiempo recortes y la generación de nuevos ingresos, porque hay necesidades básicas que no se pueden recortar más. Por eso, las políticas fiscales activas debemos explicarlas de manera concreta y con ejemplos claves que sean realizables.
    En otras circunstancias tendríamos tiempo por delante para ir haciendo estas cosas a otro ritmo, pero la desesperación de muchas personas por la situación en que se encuentran nos exige un esfuerzo importante a los socialdemócratas y yo espero que seamos capaces de hacerlo.

  3. Muy de acuerdo con lo expuesto. Si se desmonta el bienestar de una sociedad continental como la europea mientras que la izquierda mayoritaria si diluye ideológicamente para hacerse “más simpática” a los mercados y a la economía globalizada, se van a perder sin pena ni preocupación y para perjuicio de todos los europeos, todas aquellas conquistas logradas tras un siglo pasado más que complicado en el que se luchó para construir en la mayoría de estados desarrollados una opción con posibilidades de gobernar desde la izquierda que cuando llegase al poder velara por un mayor control y preocupación social plasmados en derechos, leyes y beneficios universales en la redistribución de los beneficios económicos fiscal y gubernativamente sobre el conjunto nacional así como un mayor control “humano” del desarrollo de los mercados y de las actividades productivas.

    Hay que volver a las esencias, los principios básicos que constituyeron a la izquierda no marxista en su nacimiento, volver a mirar al pasado y pensar si de verdad se está dispuesto como persona progresista a no luchar por la herencia lograda y tan necesaria en el mundo actual.

    Porque en definitiva una educación y sanidad pública, universal y de calidad o una protección laboral y del Estado siempre vigilante frente a los desmanes empresariales o de la economía mercantilista (frente al capitalismo desbocado de nuestra crisis que está creando una masa de mano de obra “esclava” por las condiciones draconianas en las que coloca a la figura del trabajador actual para poder ejercer su actividad); están tan presentes y vivas estas ideas en este siglo XXI que vivimos como lo estuvieron a lo largo del XX.

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