Reflexiones sobre el difícil equilibrio entre el poder y sus límites a la luz de las elecciones andaluzas y asturianas

Una reflexión detenida sobre los distintos significados que cabe extraer de los resultados de las elecciones celebradas en Andalucía y Asturias el pasado 25 de marzo requiere de cierta distancia y mucho sosiego, por lo que, en este momento, parece preferible dedicar el esfuerzo a otras cuestiones que, si bien relacionadas con esos datos electorales, no se agoten, sin embargo, en su mero análisis.

La esencia de la política es alcanzar el poder y ejercerlo. Las vías que pueden llevar al primer objetivo son muy diversas, aunque podríamos reconducirlas a dos: la fuerza y el acuerdo. El tirano, normalmente, alcanza el poder a través de la fuerza, con desprecio de todo acuerdo consensuado con el resto de agentes políticos, y tiende a ejercerlo despóticamente, porque carece de controles, internos y externos, que le limiten. En una democracia, por el contrario, el gobernante accede al poder a través de un procedimiento reglado y con sometimiento a limitaciones que impone la ley, en tanto que manifestación de la llamada voluntad popular, del acuerdo de la mayoría. Limitaciones que también existen durante el período de tiempo en que ejerce ese poder, lo que evita precisamente que este ejercicio sea despótico, más allá de los excesos que también se puedan cometer.

Titularidad y ejercicio del poder van, por tanto, de la mano, aunque, lógicamente, no son necesariamente idénticos. No sería imposible imaginar un gobernante que habiendo accedido al poder mediante el uso de la fuerza, sin embargo, ejerciera sabia y moderadamente ese poder, en beneficio de los gobernados. De igual modo que tampoco es inimaginable, ni mucho menos, un gobierno que, habiendo obtenido, de acuerdo con las reglas democráticas, el respaldo mayoritario de la población a la que ha de gobernar, sin embargo, ejerza después ese poder con absoluto desvarío o, incluso, desprecio, de los intereses de esa mayoría.

De ahí la necesidad de límites, tanto en el acceso como durante el ejercicio del poder. Pesos y contrapesos, los bien conocidos checks and balances de la literatura política anglosajona, que eviten o, al menos, dificulten los abusos. O que, en caso de producirse, acaben corrigiéndolos y sancionando a sus autores.

Esos límites del poder pueden ser de naturaleza política o de carácter jurídico-institucional. Estos últimos suelen ser los más efectivos, dado que están mejor organizados y conllevan consecuencias directamente aplicables. Pero tampoco se puede despreciar la importancia de los primeros, sobre todo, por la relevancia pública que pueden alcanzar, al hacer partícipe de los mismos a toda la sociedad.

¿Podemos entender en esta clave los resultados de las elecciones andaluzas y asturianas? Creo que sí, pues si, por un lado, las mismas constituyen el proceso reglado que posibilitará a unos u otros partidos políticos alcanzar el gobierno de la respectiva Comunidad autónoma, por otra parte, admiten también una lectura más extensa.

Es más que seguro que el Partido Popular no pueda gobernar en Andalucía, al no haber obtenido mayoría absoluta, y que si quiere hacerlo en Asturias haya de llegar a un acuerdo con el partido (Foro Asturias) fundado hace aproximadamente un año a partir de una escisión del propio PP.

Se ve de este modo limitado el temor de que este partido político, el PP, acapare la práctica totalidad del poder institucional en nuestro país, tanto a nivel estatal, como autonómico y municipal.

Y esa, aunque no lo parezca a primera vista, es una buena noticia para el propio Partido Popular y, lo que es más importante aún, para el Gobierno de la Nación, cuyo peso hegemónico va a encontrarse con un importante contrapeso en el Gobierno de la Región más poblada de España.

En momentos de graves dificultades, y no cabe duda de que este lo es, la necesidad de gobiernos fuertes es vista con buenos ojos por amplios sectores sociales, políticos y económicos, al entender que la toma de decisiones difíciles, pero eficaces, solo podrá ser llevada a cabo por ellos.

Pero esta es una forma de plantear las cosas, en buena medida, viciada de origen, pues no existe ninguna ley natural que asegure que solo los gobiernos hegemónicos, carentes de contrapesos políticos, pueden tomar decisiones difíciles y eficaces en momentos de crisis.

Detrás de esos argumentos más bien se escondería, disfrazado, el deseo de aquel que amparándose en razones de eficacia, en realidad, solo anhela la acumulación de poder sin límites. Y esto es algo que, como señalaba al comienzo, hay que poner siempre bajo vigilancia en una sociedad democrática que no quiere renunciar a dirigir las riendas de su propio destino.

Aunque merecen una reflexión más pausada y detenida, los resultados electorales de Andalucía y Asturias, tal vez, signifiquen, entre otras muchas cosas, también eso: El deseo de la sociedad española, expresado por una parte de ella, de que no haya un gobierno tan fuerte como para que pueda acabar doblegándola de conformidad con sus deseos ilimitados.

Antonio Arroyo Gil

10 pensamientos en “Reflexiones sobre el difícil equilibrio entre el poder y sus límites a la luz de las elecciones andaluzas y asturianas

  1. Estoy de acuerdo con lo que planteas, toda democracia participativa ha de tener sus pesos y contrapesos, en el ámbito del poder nacional pero también en el de las intituciones intermedias.
    El hecho de atisbar un panorama no hegemónico de un partido en España, supone sin duda un avance para todos, incluso para el partido que tenía esa expectativa.
    abrazos.
    ramón.

  2. de acuerdo con el autor del artículo pero las elecciones asturianas y andaluzas han sido también un indicador de la
    respuesta social a medidas concretas del gobierno central. y debemos resaltar que el pp en asturias ni ha ganado ni siquiera ha sido segundo; en andalucía ha sacado poco más de 1% de votos de distancia y su objetivo de gobernar ha fracasado estrepitosamente. Y no debemos pasar por alto las descalificaciones que desde un sector de la derecha se ha hecho del pueblo andaluz por la razón de que no les ha respaldado. Debiéramos ponernos de acuerdo derecha e izquierda en respetar el voto ciudadano sea el que sea.

    • Completamente de acuerdo contigo, José Luis. Destacaría, sobre todo, tu última frase: “Debiéramos ponernos de acuerdo derecha e izquierda en respetar el voto ciudadano, sea el que sea”. Gracias por tu comentario. Un saludo, A.

  3. El PSOE debe gobernar en Asturias. Pero en Andalucia es bien distinto. En Andalucia hace falta un cambio. El PSOE de Griñan debería de ceder la presidencia a IU. Hace falta un giro real a la socialdemocracia en el PSOE, y ahora mismo los postulados de la misma los representa IU, no el PSOE.

    • No puedo compartir tu opinión, Carlos, aunque, lógicamente, te agradezco el comentario. No la puedo compartir porque sería una anormalidad democrática que en una eventual coalición o, en su caso, pacto de gobierno el peso principal de éste lo ostentara el partido político que menos votos ha recibido (y no se trata de unos pocos, sino de muchos miles). Si finalmente en Andalucía el acuerdo entre el PSOE e IU llega, como es de esperar, debería ser el PSOE el que formara gobierno, dado el caso, con algunos consejeros provenientes de IU.

      Un saludo,

      A.

  4. Muy buen artículo. Dudo que el Gobierno de la Nación entienda como sano el contrapeso de poder que supondrá un Gobierno de Izquierdas en Andalucía. Me temo que en los próximos 4 años tendremos una reacción de acoso y derribo contra la Junta de Andalucía y el reciente recurso de inconstitucionalidad a la subasta de suministros farmaceúticos es solo una muestra de esa actitud.

    • Gracias, Juan.

      El Partido Popular se ha caracterizado en los últimos años por llevar al Tribunal Constitucional lo que no ha podido conseguir en el Parlamento. Ahí tenemos, entre otros muchos, el lamentable ejemplo del recurso de inconstitucionalidad contra la ley de reforma del Código civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Es una estrategia equivocada, que se puede volver en su contra, y, lo que es peor, que somete a las instituciones, en este caso, al TC, a unas tensiones muy perjudiciales para su normal funcionamiento. Sería muy grave que el PP continúe practicando esa política una vez que está en el Gobierno de la Nación. Confiemos en que la cordura política acabe imponiéndose.

      Un saludo,

      A.

  5. Hemos visto cómo las intenciones de voto en Andalucía, que daban por ganadores a la derecha, se han convertido de nuevo en un fracaso del PP por construir castillos de Arena. Ha sido un mazazo de proporciones gigantescas, pero no nos hagamos demasiadas ilusiones porque Andalucía ha de demostrar un cambio más sustancial que el mero voto a un partido al que lleva votando décadas, para que podamos aspirar a que esta comunidad se convierta en pendón de reconquista. Y es más, si lo pensamos bien, ¿de reconquista de qué? Aún duele el giro de derechas del PSOE, su abrazo de mamá oso a los bancos y a las ideas capitalistas, como para que pensemos en volver a lo que ya decepcionó.

    Andalucía, y su alianza de izquierdas, sin embargo, podría ser una niña probeta que marcara un camino hacia la recuperación de la fe perdida y eso es por lo que el pueblo de Despeñaperros para abajo ha de apostar. A ver qué nos deparan los años venideros y si la derecha del gobierno central quiere lucharnos, que lo haga, sería buena señal, nunca lo hizo antes y es porque Andalucía ha sido hueso de un amo que mientras lo tenía en la boca no ladraba, ni molestaba.

    • Gracias, Antonio.

      Andalucía no solo puede convertirse en un reducto de resistencia progresista frente al avance hegemónico de las políticas neoliberales y profundamente conservadoras del Gobierno del Partido Popular; comparto tu opinión de que, además, debería servir de punta de lanza para la puesta al día de un discurso socialdemócrata renovado y fuertemente enraizado en sus señas de identidad: redistribución equitativa de la riqueza, apuesta decidida por los servicios públicos de calidad (en especial, educación y sanidad); separación estricta entre Estado y religión; etc., etc. Eso debería venir también acompañado de la corrección de ciertas prácticas viciadas que a lo largo de estos años se han ido enquistando y que se han de extirpar ya, entre las que la corrupción ocupa un lugar destacado. Andalucía se ha convertido en un símbolo de esperanza para los progresistas en nuestro país. Confiemos en que el nuevo Gobierno que allí se forme cumpla con las altas expectativas que se van a depositar en él.

      Saludos,

      A.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>