Si ellos dan nombre a las cosas a nosotros sólo nos queda obedecer

Reivindico la dimensión política de las palabras. Sin ir más lejos, Liberté, Egalité, Fraternité, han sido tres conceptos fundamentales en la historia de la movilización de la izquierda Europea.  Pocas veces tres sustantivos han evocado tantas imágenes; ¿valdrá más una palabra que mil imágenes? Pocas veces tres conceptos expresados de manera tan limpia han sido capaces de movilizar a tantos excluidos y pocas veces les han llevado tan lejos en la obtención de reconocimiento y dignidad. Tan es así que en el año 1940 el gobierno ultraconservador de Vichy, de la Francia filonazi, se apresuró en cambiar tan osado lema por el no menos elocuente, Travail, Famille, Patrie, tan próximo a nuestro Familia, Municipio y Sindicato, en fin, tres palabritas amables que así de seguido a más de uno nos dan escalofríos ¿verdad?

El reino de las ideas se construye con palabras, pero el principado de la acción también se establece con palabras. Cómo vamos a defender una política fiscal redistributiva, cómo vamos a dar la batalla para que no siga creciendo la horquilla entre los que más y los que menos ganan, o cómo vamos a defender una oferta pública, que no gratuita, ojo que todo se paga, en educación, sanidad, transportes, o en la gestión/comercialización del agua, si aceptamos que lo público equivale a gestión lenta y burocrática y lo privado es sinónimo de eficacia y agilidad, o que la estructura impositiva de un país equivale a la “presión fiscal” que ejerce el gobierno de turno.

Por desgracia, hemos caído en la gran trampa ideológica, por tanto discursiva, de asumir que los mecanismos de mercado establecidos por la sociedad de consumo son los únicos posibles a la hora de organizar nuestras acciones y hábitos cotidianos. Es más, el doble salto mortal de la contracultura pop nos ha dejado sin escalera de incendio por la que escaparnos de la lógica disciplinaria del capital. Como defiende el colaborador del New York Times, Thomas Frank, en su libro “La conquista de lo cool” las grandes empresas norteamericanas consideraban el fenómeno contracultural de los años 60 y 70 como un complemento del capitalismo de consumo. Vamos, que cuando nuestros mayores creían estar haciendo una revolución, andaban, sin saberlo, estableciendo nuevos nichos de consumo, y ellos venga a escuchar a John Lennon.

Sin necesidad de repetir la argumentación del bueno de  Tony Judt, no es difícil darse cuenta que hoy, en Europa, el único proyecto colectivo, funcionando como un reloj suizo, es el conservador/neoliberal. Todo lo contrario de lo que sucedió  tras la segunda guerra mundial, cuando el capitalismo europeo, con el ejército soviético en la puerta trasera, se avino a suscribir un discurso socialdemócrata que impuso una acción política profundamente redistributiva, donde los consensos entre burguesía y trabajadores se convirtieron en uno de los pilares de la estabilidad. Por decirlo en otras palabras más sencillas, los ricos, los poderosos se vieron forzados a renunciar a parte de  sus beneficios en favor de todos los demás ciudadanos.  Y lo hicieron porque la sociedad civil progresista logró imponer su ideario, de justicia y equidad. Fue tal su éxito que esas conquistas se aceptaron como derechos inmanentes de los ciudadanos. El anticiclón redistributivo de entonces fue asumido como las borrascas financieras, de recortes y desempleo actuales, como si de una fuerza de la naturaleza, que hay que asumir y soportar, se tratara. Es en este punto donde debemos decir no. NO, con mayúsculas. Lo de antes y lo de ahora es el fruto de la acción humana, es el resultado del éxito de una agenda política, la victoria de un discurso ideológico. Antaño ganaron las ideas de los  muchos que poco tenían, hoy triunfan las de los pocos que mucho tienen.

Reconquistar la dignidad laboral y social, además de recuperar la política como el ejercicio de la participación de todos en las decisiones que a todos nos atañen (sin ir más lejos el proceso de privatización de la empresa de aguas de Madrid, aplaudo la idea del referéndum ciudadano), es un empeño que, entre otras mucha cosas, nos obliga a liderar la semántica de los conceptos que nos dan sentido. Me explico con un ejemplo. El Partido Socialista, en España, ha creído que para  construir una opción de gobierno tenía que formar cuadros capaces de gestionar la política institucional y se ha olvidado de que un partido político, lo que tiene que cultivar es, sobre todo, la formación política de cuadros y bases (que le pregunten a la FAES). Este aprendizaje político tiene dos ramificaciones fundamentales: la formación intelectual y el  activismo comunicativo.

En tiempos de crisis y miedo como el actual propongo a nuestros lectores, animo a las agrupaciones del PSOE (y de toda la izquierda en general) que usen la imaginación para construir acción y discurso entre sus redes. Volvamos a recuperar el gusto por la fraternidad para pelear por la igualdad (social) y la libertad (frente a presión de los especuladores y tecnócratas). Necesitamos un pequeño empujón de reeducación para llamar a las cosas por “nuestro” nombre, y no por el de la derecha ¿no es cierto?.  ¿Por qué no organizar cursos básicos para entender la esotérica nomenclatura de la economía financiera, o del derecho administrativo, laboral o urbanístico? Somos muchos los que podemos poner nuestro conocimiento, adquirido gracias a un sistema público de educación, al servicio de nuestros conciudadanos y generar aprendizajes colectivos. ¿E intercambiar sabidurías sobre comunicación en redes sociales y manejo de las tecnologías de la información? Aquel famoso eslogan publicitario podríamos hacerlo realidad: Aprende de tus hijos. O, por qué no juntarnos para ver cine sin ánimo de lucro en las sedes que tiene el PSOE por toda España, reconvertirlas en espacios vecinales donde volver a encontrarnos y reír juntos. Propongo iniciarnos con un ciclo de los hermanos Marx y otro de los Monty Python.

En definitiva, sugiero que nos pongamos manos a la obra. Hacer, hacer, hacer debe ser nuestro leitmotiv. Líneas Rojas propone 12 elementos irrenunciables para nuestra política. Haz tú una lista propia de tus líneas rojas, discútela con los amigos, cómo se ve afectada tu vida cotidiana si estas líneas se traspasan como está sucediendo en la actualidad. Cómo puedes defenderlas. ¿Hay en tu barrio centros públicos de salud, colegios, bibliotecas? ¿Aprecias recortes? ¿notas que el pequeño comercio de tu barrio está cerrando sus puertas? ¿indaga, pregunta, averigua las razones? Qué sucede en tu lugar de trabajo  ¿hay sindicatos, hay comité de empresa? ¿sabes cómo te puede afectar la reforma laboral? Comparte tus inquietudes con tus compañeros de confianza. ¿Tienes cerca organizaciones ligadas al activismo social? Infórmate, participa. Como decía Pericles sobre su Atenas, “nos diferenciamos de otros estados en el hecho de considerar un inútil a quien no toma parte en los asuntos políticos”, podríamos añadir que tomar parte significa también dar nombre a las cosas para no terminar ciegos de conocimiento y obedientes por ignorancia. A por ello!!

Algunos textos interesantes

Tony Judt (2011) Algo va mal. Madrid, Taurus

George Lakoff (2008) Puntos de inflexión. Manual del progresista. Barcelona, Península

J.C. Monedero (2009) El gobierno de las palabras. Madrid, FCE.

Thomas Frank (2008) ¿Qué pasa con Kansas? Cómo los conservadores conquistaron el corazón de los EE.UU. Madrid. Acuarela

Thomas Frank (2011) La conquista de lo cool. Madrid, Alpha Decay

Antoni Domènech (2004) El eclipse de la fraternidad, una revisión republicana de la tradición socialista. Barcelona, Crítica.

Algunas pelis imprescindibles de los Marx

Una noche en la ópera (1935)

Un día en las carreras (1937)

Sopa de ganso (1933)

Los hermanos Marx en el Oeste (1940)

… y los Python

Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (1975)

La vida de Brian (1979)

El sentido de la vida (1983)

David Corominas

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