Contra la dictadura de los mercados: Una revisión sobre la infamia

En agosto de 2011, el Gobierno interino del Reino de España pactó con la oposición mayoritaria la constitucionalización del mantra del déficit público cero. Era, en definitiva la vuelta de tuerca final a 15 meses de deriva hacía la ortodoxia económica del Gobierno dirigido por José Luís Rodríguez Zapatero tras su capitulación en mayo de 2010.

La lógica de este precepto de austeridad radica en el principio neoliberal de la eficiencia del mercado en la asignación de recursos. El corolario pues es que aquellos países que presenten a lo largo del ciclo económico unas finanzas balanceadas serán capaces de financiarse a unos costes menores y por lo tanto, sus ciudadanos podrán destinar una mayor parte de su renta al consumo o al ahorro en lugar de al pago de impuestos.

De partida, asumir la eficiencia del mercado se antoja atrevido. Este debate permanece vigente sin que por el momento se haya probado de manera irrefutable que los mercados son capaces de distribuir los recursos de la mejor manera posible. Economistas de reconocido prestigio como Joseph Stiglitz y Paul Krugman se posicionan claramente en contra de la ortodoxia económica. De hecho, una sociedad neoliberal como la norteamericana, se ha erigido en el máximo exponente del keynesianismo y de la necesidad de utilizar políticas expansivas (en lo monetario y en lo fiscal) con independencia de los déficits gemelos (cuenta corriente y público).

Pero, no se trata únicamente de un debate de tintes filosóficos ya que su incidencia en la vida diaria de los ciudadanos es capital.

Una de las grades paradojas de los últimos 24 meses (febrero 2010 supone el punto de partida con el inicio de la tragedia griega) es que son los mercados quienes se han erigido en los gestores de las economías estatales de la Eurozona. Esos mismos mercados (no lo olvidemos, constituidos por personas) que tuvieron que ser salvados en 2008 y 2009 por los Estados mediante la inyección masiva de dinero público. Y ahora, una vez saneados sus balances, emiten sus “recomendaciones” cual dioses revestidos de la sabiduría suprema, prendiendo la mecha de la mal llamada “crisis de la deuda pública”.

Obviamente, para que los mercados hayan tomado el control, ha sido necesario que los poderes políticos de la Eurozona se hayan arrodillado paulatinamente al dictat del mercado. Así, hemos asistido a un giro de 180 grados en Europa en un periodo de tiempo casi tan corto como un suspiro. En 2008 y 2009, se impuso la política económica de corte keynesiamo como herramienta para paliar el grave deterioro económico causado por una década milagrosa de excesos en los mercados financieros. Esto fue posible porque los Estados emitieron ingentes cantidades de deuda pública para entre otras cosas estimular unas economías en caída libre. La pregunta es: ¿quién adquirío esos títulos de deuda pública? La respuesta es los mercados, que deseaban preservar su liquidez invirtiéndola en activos seguros, lo que en el argot financiero se denomina “flight to quality”.

El punto de inflexión se produjo una vez que las economías globales recuperaron parte del terreno perdió (segunda mitad de 2009). Es entonces cuando milagrosamente, los guardianes del liberalismo salen de su guarida tras 18 meses de hibernación. Critican los elevados déficits públicos y uno a uno fuerzan la caída en las redes del FMI y demás organismos afines de Grecia, Irlanda y finalmente Portugal. Incluso, acosan desproporcionadamente a Italia, España y coquetean con Francia. Tienen los medios y tiene la fuerza. Pero sobre todo, tienen enfrente a un adversario que pelea cual ejército de Pancho Villa, la Unión Europea y todo su entramado.

Sin embargo, las medicinas conservadoras que no funcionaron en América Latina en el siglo XX tampoco han funcionado en Europa. Las subidas de impuestos y la paulatina dejación por parte de los Estados de sus funciones más básicas no han hecho sino deteriorar más si cabe las frágiles bases sobre las que se sustentaba la recuperación económica global. Ahora, ya en 2012 (no olvidemos que se trata del quinto ejercicio consecutivo de crisis sucesivas) hay instituciones que se sorprenden de las pésimas perspectivas económicas para el futuro.

¿Qué esperaban? Los recortes de gastos, han generado una contracción de la actividad económica, generando un férreo círculo vicioso (paro, destrucción del tejido industrial etc etc…) y una absoluta quiebra en la confianza de los ciudadanos.

Nunca hubiéramos llegado a esta situación si la clase política europea hubiese estado a la altura de las circunstancias. Pero, quizás ese el principal problema de Europa. Su inestable y burocrática arquitectura. Los líderes europeos se escoraron a la izquierda para posteriormente girar y girar hacía la derecha. 2010 y 2011 han sido claros ejemplos.

Toda acción adoptada se ha limitado a establecer sucesivos ajustes en los gastos públicos. No hay otro antídoto a su leal saber y entender. El colofón se produjo en diciembre de 2011, en una esperpéntica cumbre en Bruselas en la que la conclusión fue asumir el déficit público cero como un principio rector de la economía europea y eliminar cualquier participación de los inversores privados en el eventual “default” de un Estado con la excepción de Grecia.

Es decir, vuelta a la ortodoxia económica e inmunidad para los mercados. O privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

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