Osemos más democracia

Corren los tiempos políticos tanto que el interesantísimo debate sobre primarias sí, primarias no de principios de mes ha quedado relegado al sesudo estudio de los arqueólogos.

Lo urgente de los últimos diez días (la reforma laboral, las manifestaciones de esta última semana) requiere de toda nuestra acción.

Pero quisiera hoy sábado 25 de febrero dedicar esta mañana a lo importante; contemplación y debate sobre el mayor reto, à mon avis, del PSOE a medio y largo plazo: cómo enfrentarse a los nuevos tiempos de mayor participación política situados como estamos ante un elenco de organizaciones y movimientos ciudadanos (Equo, Actuable, la pulsión latente del 15 M) que aseguran (y para algunos, con razón) tener mecanismos más adecuados para representar el sentir de los ciudadanos progresistas y llevar éste, de una u otra forma, a la arena política.

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Una oposición útil frente a un PP hegemónico

Con una amplia mayoría absoluta en el Congreso y once de las diecisiete Comunidades Autónomas bajo su control, los populares podrían actuar como una autentica “apisonadora” política. En los primeros sesenta días de gobierno, el PP ya ha mostrado su intención de hacer uso (y abuso) de su poder hegemónico para poner en marcha tanto su programa electoral, como, sobre todo, su programa oculto (incluyendo aquí, por ejemplo, el abaratamiento del despido).

Cuanto mayor es el poder de un partido en el gobierno, más importante es el papel del resto de las fuerzas políticas que conforman la oposición. El PSOE, como principal partido de esa oposición, ha de acertar en su labor de control a la acción del gobierno de Rajoy, así como en erigirse en una alternativa sólida y creíble al proyecto conservador que representa el PP. De su grado de éxito para conseguirlo dependerá, además, que el PSOE logre o no reconectar con los más de cuatro millones de votantes que le dieron la espalda en las pasadas elecciones generales. Esos electores no volverán sin que el PSOE obtenga de nuevo su confianza.

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Estado de bienestar o fractura social

Ver original en: Artículo EL PAÍS, jueves 9 de febrero de 2012 

Azuzados por partidos conservadores y medios al servicio de poderes económicos, cada más ciudadanos cuestionan la solidaridad

Desde la segunda guerra mundial en Europa se ha tejido un modelo social específico, definido a través de un gran pacto, que permitió a la clase trabajadora aceptar las reglas del mercado a cambio de un papel importante del Estado en la regulación de la economía y en la provisión de servicios públicos básicos. Sobre estos principios se construyó el modelo social europeo, asentado en la solidaridad de ricos con pobres, de jóvenes con ancianos, de unas generaciones con otras.

Con el reciente predominio neoliberal, valores esenciales para el pensamiento socialdemócrata como el de la solidaridad están siendo sistemáticamente cuestionados. Un número mayor de ciudadanos auto-identificados como clases medias, azuzados por partidos conservadores y ciertos medios al servicio de los poderes económicos, se ha vuelto escéptico de las formas actuales de solidaridad pública, como son los mecanismos de redistribución del Estado de bienestar. Estos ciudadanos se ven como los paganinis de esos servicios, que a menudo no utilizan, cuyos abusos deploran y de cuya necesidad no se sienten responsables. Lo anterior se traduce en crecientes apelaciones a limitar los servicios públicos universales y reducir las burocracias que los gestionan. El resultado: demandas de reducciones de impuestos, que colocan a los Gobiernos en una difícil encrucijada para el mantenimiento del Estado del bienestar.

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Contra la dictadura de los mercados: Una revisión sobre la infamia

En agosto de 2011, el Gobierno interino del Reino de España pactó con la oposición mayoritaria la constitucionalización del mantra del déficit público cero. Era, en definitiva la vuelta de tuerca final a 15 meses de deriva hacía la ortodoxia económica del Gobierno dirigido por José Luís Rodríguez Zapatero tras su capitulación en mayo de 2010.

La lógica de este precepto de austeridad radica en el principio neoliberal de la eficiencia del mercado en la asignación de recursos. El corolario pues es que aquellos países que presenten a lo largo del ciclo económico unas finanzas balanceadas serán capaces de financiarse a unos costes menores y por lo tanto, sus ciudadanos podrán destinar una mayor parte de su renta al consumo o al ahorro en lugar de al pago de impuestos.

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