La Inmigración como reto y oportunidad de la Socialdemocracia

A final de 2011 se contabilizaban 5 millones de inmigrantes en España, a pesar, de que por primera vez el saldo migratorio del país es negativo, lo cual supone un cambio de la tendencia dominante durante los últimos 15 años, a lo largo de los cuales España, multiplicó por diez su población extranjera.

Pocos países han sufrido una transformación tan rápida como la que vivió España, a pesar de la cual, el informe del Migration Policy Group califica positivamente las políticas de integración españolas ubicándola en el octavo puesto entre los países analizados. La mayor parte de las políticas revisadas en el informe fueron producto de los últimos gobiernos socialistas. A pesar de sus limitaciones y carencias, el Estado del Bienestar español fue capaz de adaptarse a la cambiante estructura demográfica de los últimos años.

Ahora bien, la reciente tendencia de salida de extranjeros y de nacionales es uno de los más directos resultados de la crisis económica. Pero se esperaba que el retorno de inmigrantes fuese mucho mayor. Este dato revela, que a pesar de las dificultades económicas y especialmente laborales, los proyectos migratorios personales a largo plazo también valoran el arraigo al país de recepción.

El problema de la inmigración en tiempos de crisis es que ante las situaciones adversas, los migrantes no tienen una red familiar que pueda ayudar a soportar de forma temporal sus necesidades. Un reciente informe de UNICEF y la Fundación Pere Tarrés alertaba del aumento de niños origen extranjero que están sufriendo de desnutrición o no tiene acceso a servicios como el agua corriente en sus viviendas.  Es en estas situaciones cuando los migrantes necesitan un mayor apoyo del estado del bienestar, que por un lado reconozca lo que como trabajadores y ciudadanos han aportado y por otro permita fácilmente acceder los servicios y prestaciones básicas y universales. Asimismo, reconozca que los derechos sociales del migrante no pueden estar subordinados únicamente a su condición de trabajador, pues esto produce un acceso limitado al estado del bienestar y a la ciudadanía.

Pero vulnerabilidad no es sinónimo de dependencia. Los manidos discursos de la derecha europea han acusado a la inmigración de competir por el trabajo y los beneficios sociales con los nacionales. Numerosos estudios desmienten esta afirmación. La condición de debilidad derivada de su falta de redes, desconocimiento del funcionamiento del sistema o estado de marginalidad, no convierte per se al inmigrante en un demandante neto de servicios sociales, pero si les hace más vulnerable a la exclusión económica. De hecho, la tasa de paro entre inmigrantes es del 30 por ciento frente al 20 por ciento de los nacionales españoles. Sin embargo, la población de origen inmigrante según indica el informe “Inmigración y estado de bienestar en España” de la Obra social de la Caixa, se encuentra generalmente infrarrepresentada entre los beneficiarios de la mayoría de los esquemas en proporción a su peso relativo en la población. Además de ello, el informe señala que el balance fiscal entre su contribución al erario público y el coste de las prestaciones y servicios sociales que reciben resulta en un saldo positivo a favor del Estado.

Tal como se recoge en citado informe, son variados los análisis que han demostrado el saldo positivo de la inmigración. La Oficina Económica de la Presidencia del gobierno estimaba en 2006 que el 50% del superávit de las finanzas públicas en los años de mayor crecimiento de la economía española correspondía a la inmigración. Los inmigrantes absorbían el 5,4% del gasto público pero aportaban el 6,6% de los ingresos totales del Estado. Según otros estudios realizados sobre las cuentas del 2008 los ingresos derivados de la inmigración  incluyendo el IRPF, las cotizaciones sociales, IVA e impuestos especiales, etc. sobrepasaban los costes en forma de prestaciones por desempleo, pensiones, educación, o sanidad,  que perciben los inmigrantes, en cerca de 2.000 millones de euros anuales. Más aún, se ha calculado que solo las cotizaciones a la seguridad social de los inmigrantes en ese año aportaron más a la balanza fiscal que todo el gasto social asociado a la inmigración.

La migración actual vino atraída no por un efecto llamada causado por que el Estado ofreciera beneficios, sino por la estructura del sistema productivo que demandaba masivamente mano de obra. Es cierto que  dicha oferta laboral respondió a un sistema productivo intensivo en mano de obra, con bajo valor agregado e insostenible a largo plazo, es decir al “modelo del ladrillo”. Pero ello no es culpa de los inmigrantes, las responsabilidades en este sentido deben enmarcarse en el nivel político, y su carga afecta a todos los colores ideológicos.

A pesar de estas constataciones, el discurso fácil de culpar al migrante o verle como una amenaza para los nacionales, ha hecho mella en la sociedad. El informe Evolución del racismo y la xenofobia en España, elaborado por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) resalta que en 2009 el 37% de los españoles se mostraba en 2009 reacio a la inmigración. Según señala el documento, un desencadenante de la xenofobia, es el temor a la competencia por unos mismos recursos. El 56% de los españoles cree que los inmigrantes reciben más ayudas escolares que los españoles y un 46% cree que reciben mayor ayuda sanitaria. El 53 por ciento de los encuestados afirmaba además que los inmigrantes reciben más o mucho más de lo que aportan y un 24% que reciben tanto como aportan. Esto revela la tendencia en la opinión pública a ver un saldo negativo o neutro en la inmigración desconociendo que en el marco de las deficiencias del sistema contributivo a la seguridad social la migración ha permitido evitar el déficit.

En este contexto la tarea de una socialdemocracia que responda verdaderamente a sus valores de inclusión, igualdad y solidaridad, y que se ajuste a la dinámica social y económica actual se enfrenta a importantes desafíos.

En primer lugar, entender y llevar a la ciudadanía el mensaje de que la integración es, entre otras cosas, un proceso de equiparación de derechos. Es necesario cortar de raíz con argumentos sólidos y realistas el discurso de la “preferencia nacional”. Los derechos sociales y la protección estatal no tienen que ver con el origen sino con la condición de ciudadanía. En ese mismo sentido la socialdemocracia tiene el deber de romper con la concepción del trabajador simplemente como uno más de los factores productivos. Los trabajadores no son mercancías y los procesos migratorios si bien están ligados en parte a la oferta laboral, están constituidos por seres humanos que aportan, comparten y construyen sus expectativas como parte de las sociedades de acogida. El proyecto migratorio es también un proyecto humano y familiar.

El reto es evitar ante todo la fragmentación y la competencia entre nacionales y foráneos, porque ésta produce polarización social y pérdida de legitimidad del estado del bienestar. Cuando el Estado de Derecho se deslegitima, su sostenibilidad se ve en entredicho. Es por tanto indispensable a pesar de la crisis y de los ajustes presupuestarios otorgar un papel prioritario al reforzamiento de  los servicios básicos, no solo para los inmigrantes sino para todos los ciudadanos, evitando que surjan tensiones por el acceso a los mismos entre los que los necesitan.

En segundo lugar, basados en la estructura poblacional actual de nuestro país, la migración sigue siendo necesaria y a pesar de su actual disminución, la Comisión Europea advierte que España necesitara siete millones de personas adicionales a su población hasta 2030 para equilibrar su economía. Esta necesidad responde tanto al déficit del sistema de pensiones, como a la necesidad de perfiles técnicos de cara al indispensable cambio y desarrollo de un nuevo modelo productivo.  Por tanto, es un proceso cuyas bases ya se han construido y buena parte de la tarea de las políticas progresistas será evitar que los avances conseguidos se destruyan. A largo plazo el camino aun esta por recorrer.

En tercer lugar, considerando los retos  actuales de la modernización del discurso socialdemócrata y la importancia del cambio en el modelo productivo, la inmigración tiene dos aportes adicionales. Por un lado, reconocer que más del 80 por ciento de las mujeres que se encargan del cuidado domestico de los dependientes (niños, ancianos y enfermos) son inmigrantes.  Esto ha permitido una incorporación mayor de las mujeres españolas a la actividad económica. Pero a su vez, también ha desincentivado el desarrollo de un sistema de cuidados profesional dejando a muchas mujeres inmigrantes en riesgo de desprotección ante el abuso laboral.

En una sociedad con cada vez más personas dependientes, es necesario profesionalizar los sistemas de cuidados, desligar la cadena de cuidados del genero (es decir, que no es una responsabilidad única de las mujeres) y especialmente garantizar tanto la prestación de los servicios, como la calidad de los mismos (para dependientes y trabajadores). Un sistema profesional de cuidados representa un importante gasto pero también repercute en la economía, generando un mercado laboral de cuidadores nacionales y extranjeros y mejorando la conciliación de vida familiar y laboral.

Por otro lado, los inmigrantes tienen una alta tasa de actividad emprendedora. El Global Entrepeneurship Monitor (GEM), en 2010 cifraba en un 10,3% la actividad emprendedora de los inmigrantes europeos y en un 5% la de los extracomunitarios, frente a un 4,2% de los españoles. El cambio de modelo productivo requiere apoyar el emprendimiento, un paso que ya han dado los inmigrantes y no es un hecho excepcional, sino que se trata de una tendencia permanente que muestra año tras año el estudio de GEM. Evidentemente, esta tendencia está ligada al mismo hecho de migrar que ya de por si representa un emprendimiento personal y capacidad de enfrentarse al riesgo.

La crisis tiene el doble efecto de lanzar a las personas al autoempleo pero a su vez de dificultar las condiciones del emprendedor. En este sentido es especialmente importante encontrar formulas que garanticen el acceso a la financiación y que den mayor cobertura y reconocimiento social al emprendedor sin importar su origen.

Finalmente hay dos puntos más de cara a resaltar la importancia de la inmigración para la socialdemocracia.  Uno de ellos es valorar el papel de las remesas sociales. Los inmigrantes no solo envían dinero a sus países de origen, envían también valores sociales.  Cuando una persona se integra a un nuevo sistema social aporta sus valores pero también incorpora unos nuevos y estos se replican a través de las redes familiares en los países de origen. El modelo de ciudadanía y de estado de bienestar europeo ha visto muy afectada su imagen internacional a raíz de la crisis. Una de los retos socialdemócratas es por tanto volver a ocupar el papel de modelo a seguir como sistema que de verdad es capaz de proveer una mejor calidad de vida a todos sus ciudadanos, basado en la solidaridad, y la cohesión social. Los inmigrantes son canales de transmisión de dichos valores, a través de lo que se denomina como “remesas sociales”. La cultura fiscal, la igualdad de la mujer y la defensa de los derechos sociales, entre otros, son valores que se aprenden y se transmiten.

El último de los retos, es la capacidad de integrar a los inmigrantes y nacionalizados como votantes. A partir de 2011 los inmigrantes con permiso de residencia, provenientes de países que han firmado convenios de reciprocidad en el sufragio local pueden votar en los comicios municipales. Sumados a los inmigrantes comunitarios, se cuentan un total de 3 millones de personas. Una cifra que desde luego no puede ser despreciable para ninguna fuerza política.  Además de estos votantes hay que tener en cuenta a las personas de origen extranjero que han recibido la nacionalidad española, que hoy suman más de setecientas mil, a pesar de ello en las últimas elecciones solo resulto elegida una diputada de origen extranjero, y en general la presencia de extranjeros en las listas electorales de los partidos políticos no pasaba de ser “anecdótica”.

En resumen, la socialdemocracia tiene que avanzar hacia un modelo que considere y empodere a los inmigrantes en su renovado proyecto político, como titulares de derechos y deberes sociales que son. Se trata en definitiva de proponer un nuevo modelo de bienestar y de producción compatibles con una ciudadanía desligada de su lugar de origen y ligada a un proyecto social basado en valores.

2 pensamientos en “La Inmigración como reto y oportunidad de la Socialdemocracia

  1. ME PARECE ALGO NECESARIO Y REAL,LOS INMIGRANTES SON PERSONAS CON MUCHO DESEO DE SUPERACION Y SU UNICO DESEO ES TRABAJAR PARA LEVANTAR SUS FAMILIAS,NO IMPORTA EL TIPO DE TRABAJO SINO ENCONTRAR UNO Y DONDE ESA,OJALA TODOS LOS PAISES LOS ACOGIERAN Y LES BRINDARAN LA OPORTUNIDAD DE INTEGRARSE A CADA PAIS Y LEGALIZARSE.

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