Bajar impuestos no es de izquierdas

En una escena de la película “Desmontando a Harry” un personaje le confiesa a Woody Allen: “detesto la realidad, pero es el único sitio donde puedo tomarme un whisky”. Algo parecido debieron plantearse los socialdemócratas de la posguerra cuando aceptaron capitalismo a cambio de igualdad y que la “vía Blair” ha transformado en  un “me gusta tanto la realidad que no necesito un whisky”.

En los últimos treinta años esta sintonía con “lo real” se ha traducido en gobiernos socialistas cada vez más preocupados por la gestión que por la transformación, por la economía que por la política, por el mercado que por el Estado. Y la crisis ha confirmado que la socialdemocracia, ni ha sido un antídoto a la expansión de este capitalismo financiero, ni sus recursos estratégicos e ideológicos sirven para oponer un modelo económico distinto.

¿El resultado? Una sociedad cada vez mas conservadora en lo político y liberal en lo económico, seducida por un creciente nacionalismo y una creciente xenofobia, controlada por un poder político y económico cada vez más oligárquico y con un socialismo en declive que en caso de ganar alguna elección tendrá que hacer las reformas que le dicten los mercados.

Los últimos gobiernos socialistas europeos han perdido las elecciones luchando, cueste lo que cueste, para evitar que la prima de riesgo suba. Monti, Papadeamus y Draghi, antiguos directivos de Goldman Sachs, gobiernan Italia, Grecia y el Banco Central Europeo sin legitimidad democrática de por medio. El 80% de la fuerza laboral mundial tiene una seguridad social residual o carece por completo de ella. Antiguos ministros pasan sin ningún rubor al sector financiero. Hay 11 billones de Euros en paraísos fiscales. Luxemburgo y la City de Londres son paraísos fiscales y están en la UE. Hay 200 millones de inmigrantes económicos. El director general de General Motor cobraba 83 veces el salario medio de su empresa en los años 70. Hoy el director general de Wal-Mart gana 1300 veces el salario medio de la suya. Existen las SICAV. Las cumbres del Clima son un fracaso. El Banco Central Europeo presta a la banca privada al 1,5 % y esta compra deuda española al 6,5%. Se sigue especulando con alimentos. En torno a 7 de cada 10 trabajadores en el mundo carecen de asistencia sanitaria y 8 de cada 10 no reciben pensiones. Sigue aumentando la economía informal que en algunas economías emergentes representa el 40% del PIB… y así podríamos estar hasta mañana.

Son tantas la evidencias que cuesta entender tanta resignación. ¿Es tan difícil hacer una lectura mas crítica de los fundamentos teóricos y técnicos del capitalismo imperante y articular un nuevo discurso que recupere la centralidad de la igualdad en el contexto de la globalización[1]?. ¿Es tan difícil convencer a unas clases medias empobrecidas por la crisis que estarían mejor en un modelo mas democrático y redistributivo?.

La globalización no sirve para ganar elecciones locales, pero no es posible gobernar lo local sin incorporar la globalización. Un partido con aspiraciones de gobierno tiene que dar mucha importancia a su perfil internacional pues es ahí donde se articulan los retos.

¿Cómo anda el PSOE en este sentido?

La definición de lo local – (“para qué y para quien se gobierna”)- y los necesarios vínculos con la sociedad civil tampoco están muy bien explicitados en el PSOE. El movimiento 15-M está dando buenas pistas sobre cómo serán los modelos de democracia futura y que tipo de socialdemocracia puede liderar su transformación. Lo racional y, a la vez, transformador de sus propuestas, su comprensión de las potencialidades políticas de las nuevas tecnologías, su reto a los modelos de movilización estandarizados de partidos de izquierda y sindicatos, su apuesta por una mayor y más amplia democracia, la esperanza que despiertan y, sobre todo, su espíritu abiertamente internacionalista, parecen perfilar las claves para una izquierda del siglo XXI.

¿Cómo anda el PSOE en este sentido?

El reto está en articular estas propuestas como una opción política creíble. En este momento de declive socialista aparecen, como es normal, partidos y grupos sociales a la izquierda del PSOE, ninguno con posibilidades reales de ganar unas elecciones. Esta fragmentación debilita enormemente cualquier posibilidad de gobierno y hace muy difícil articular un proyecto transformador. Salvo que el PSOE empiece a ver con mejores ojos a estos grupos y sea capaz de llegar a alianzas honestas con toda esta izquierda a su izquierda.

Desde Michels sabemos que es ilusorio hablar de horizontalidad en organizaciones politicas que, antes que después, acaban siendo jerarquías verticales que dificultan la comunicación con la sociedad civil. Pero en el clima actual tampoco parece posible que un partido esté al margen de las crecientes movilizaciones que la crisis está generando y va a generar.

¿Está el PSOE cerca de estas claves?

¿Entiende las potencialidades de un profundo cambio interno que haga de los partidos socialistas organizaciones menos piramidales y más transparentes y democráticas?

¿Se ve el PSOE capaz de articular una relación mucho mas fluido y sincera con los movimientos de la sociedad civil?

Hay algunos intentos serios de responder a estas preguntas desde el socialismo como prueban los abundantes documentos que desde think-tanks y otros movimientos progresistas se están elaborando[2]. La cuestión es saber si los actuales dirigentes están en la disposición de llevarlo a cabo. En febrero hay un congreso. ¿Tienen estas ideas cabida en el mismo? ¿Hay grupos dentro del PSOE dispuestos a defender estos planteamientos? Igual en momentos de desconcierto, la mejor forma de disipar la duda es la acción, ¿lo intentamos?.


Notas a pie    (↵ vuelve al texto)
  1. Ya hay algunos intentos teóricos en este sentido. Borrell (2009) “Dilemmas in Globalización” http://bit.ly/wKwZfg
  2. http://socialismoabierto.es/
    http://bit.ly/AxCBxB

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