Bajar impuestos no es de izquierdas

En una escena de la película “Desmontando a Harry” un personaje le confiesa a Woody Allen: “detesto la realidad, pero es el único sitio donde puedo tomarme un whisky”. Algo parecido debieron plantearse los socialdemócratas de la posguerra cuando aceptaron capitalismo a cambio de igualdad y que la “vía Blair” ha transformado en  un “me gusta tanto la realidad que no necesito un whisky”.

En los últimos treinta años esta sintonía con “lo real” se ha traducido en gobiernos socialistas cada vez más preocupados por la gestión que por la transformación, por la economía que por la política, por el mercado que por el Estado. Y la crisis ha confirmado que la socialdemocracia, ni ha sido un antídoto a la expansión de este capitalismo financiero, ni sus recursos estratégicos e ideológicos sirven para oponer un modelo económico distinto.

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20-N o la necesidad de autocrítica

Ver original en: Artículo EL PAÍS, viernes 2 de diciembre de 2011

Muchos de los análisis que se hacen estos días acerca de las últimas elecciones generales giran en torno a la crisis económica, con todas sus ramificaciones, como principal factor explicativo del resultado. Sin desdeñar la relevancia de este aspecto, se echa en falta un análisis que, con algo más de perspectiva, incorpore otras claves que ya se manifestaron en 2008 y que ahora son necesarias para interpretar el 20-N y sus consecuencias.

Por lo que se refiere al PP, hay que recordar antes de nada que el resultado que obtuvo en las elecciones generales de 2008 fue excepcional para un partido derrotado, tanto en términos absolutos (cerca de 10,3 millones de votos) como relativos (casi un 40%).

La principal implicación de este, a veces olvidado, resultado tan notable es que en 2011 una subida relativamente modesta del número de apoyos recibidos ha servido al PP para ganar más de 30 nuevos escaños y casi 5 puntos porcentuales.

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